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31 Jul
31Jul

Del equilibrio bipolar a la coexistencia de cuatro modelos en el sistema internacional contemporáneo.


Ensayo


Cuando el Tratado New START expiró el 5 de febrero de 2026, el sistema de control de armamentos que había sobrevivido a la Guerra Fría llegó a su fin. Por primera vez desde 1972, los dos mayores arsenales nucleares del mundo operaban sin restricciones jurídicamente vinculantes, un vacío institucional cuyo precedente se remonta a la era anterior de los acuerdos del Strategic Arms Limitation Talks (SALT).1 10 Este acontecimiento no es un hecho aislado, sino el síntoma de una transformación estructural más profunda: la fragmentación de la disuasión estratégica.

El sistema internacional ha transitado desde un modelo relativamente homogéneo de disuasión —la Destrucción Mutua Asegurada (MAD) entre dos superpotencias— hacia un entorno donde coexisten al menos cuatro lógicas disuasivas diferentes, cada una adaptada a las capacidades, vulnerabilidades y objetivos estratégicos de sus respectivos protagonistas. Esta fragmentación no implica una simple multiplicidad, sino la emergencia de un sistema donde cada potencia combina instrumentos nucleares, convencionales, tecnológicos, cibernéticos e informativos según sus fortalezas estructurales.


Imagen que presenta un pilar roto como símbolo de la paridad bipolar y los tratados de disuasión entre EEUU y Rusia.

La disuasión de la Guerra Fría

Un equilibrio bipolar homogéneo

El modelo de disuasión que predominó durante la Guerra Fría se caracterizó por su homogeneidad estructural. Dos superpotencias —Estados Unidos y la Unión Soviética— poseían arsenales nucleares comparables, capaces de garantizar la MAD ante cualquier ataque de primer golpe. Este equilibrio, aunque peligroso, era predecible: las reglas del juego estaban claras, los canales de comunicación funcionaban y los acuerdos SALT, Antiballistic Missile Treaty (ABM) e Intermediate-Range Nuclear Forces Treaty (INF) proporcionaban una infraestructura normativa que reducía la incertidumbre.

Como ha señalado la literatura de los Estudios Estratégicos —desde los trabajos fundacionales de Thomas Schelling sobre la "mutua vulnerabilidad" hasta los análisis de Bernard Brodie y Lawrence Freedman—, la estabilidad del sistema bipolar descansaba en el reconocimiento compartido de que la escalada nuclear carecía de sentido estratégico. Ambas potencias entendían que cualquier intento de obtener ventaja decisiva era ilusorio, lo que generaba un equilibrio basado en la paridad y previsibilidad.3 6

Sin embargo, este modelo era bilateral. Suponía un sistema internacional dominado por dos actores, con reglas aceptadas por ambos y un marco institucional que, aunque tenso, funcionaba como "válvula de seguridad". 

La desaparición de este marco constituye el punto de inflexión que da origen a la fragmentación contemporánea.


Erosión del régimen de control de armamentos y paradigma bipolar

La expiración del New START es el síntoma visible de un proceso de erosión que se ha acelerado en la última década. La retirada estadounidense del Tratado INF en 2019, la suspensión rusa de su participación en New START en 2023 y el colapso del Tratado de Fuerzas Convencionales en Europa en 2023 dejaron el sistema de control de armamentos en un estado frágil desde la Guerra Fría.4

Tres factores estructurales explican esta erosión:

El ascenso de China como tercer actor nuclear

Pekín duplicó su arsenal nuclear en los últimos cinco años, alcanzando unas 600 ojivas en 2024, con proyecciones de llegar a 1,000 en 2030.4 China es el único país de las tres grandes potencias que crece en todos los frentes de su arsenal, lo que ha transformado la ecuación estratégica de un problema bilateral en un desafío "Two Peer Plus".4 Estados Unidos debe disuadir simultáneamente a Rusia y a China, una situación que el viejo marco bilateral no tenía previsto gestionar.

La revolución tecnológica

Sistemas hipersónicos, inteligencia artificial, guerra cibernética y capacidades espaciales han ampliado el espectro de la disuasión más allá del nuclear.8 El análisis de Daniel Wang, precisa que "los adversarios emplean estrategias híbridas por debajo de los umbrales tradicionales de la disuasión nuclear, integrando capacidades nucleares en tácticas híbridas".8 El Tratado New START, negociado en 2010, no contemplaba sistemas como el misil hipersónico ruso Avangard, el torpedo nuclear Poseidon o el misil de crucero Burevestnik, todos ellos diseñados para comprimir los tiempos de decisión y evadir las defensas antimisiles.13

El debilitamiento de las normas compartidas

La Conferencia de Seguridad de Múnich 2026 ha advertido que "las reglas ya no son puntos de referencia universalmente vinculantes; son cada vez más negociadas, aplicadas selectivamente o impugnadas".10 La ausencia de un marco normativo común incrementa el riesgo de mal cálculo y escalada no intencionada.4


Tabla comparativa de disuasión nuclear y convencional EEUU, Rusia, China e Irán, 2026.

La fragmentación de la disuasión

Cuatro modelos estratégicos contemporáneos

La fragmentación de la disuasión estratégica se materializa en la coexistencia de cuatro modelos nacionales distintivos, cada uno articulado en torno a las capacidades y vulnerabilidades específicas de su actor.

Modelo A: Disuasión por superioridad convencional 

Estados Unidos

Estados Unidos mantiene un modelo de disuasión fundamentado en la primacía convencional y tecnológica, complementada por un arsenal nuclear modernizado. La estrategia estadounidense combina capacidades nucleares y convencionales en un enfoque integrado que busca ofrecer opciones de escalada graduada.

La modernización del arsenal nuclear —estimada en 946 mil millones de dólares en la próxima década— se ha acelerado ante la necesidad de disuadir simultáneamente a Rusia y China.1 Sin embargo, el modelo enfrenta contradicciones significativas. La retirada convencional de Europa, anunciada en el contexto de la revisión "NATO 3.0", crea tensiones con la narrativa de una disuasión nuclear extendida intacta. La Royal United Services Institute advierte: "la reducción de la presencia convencional estadounidense es fundamentalmente incompatible con las afirmaciones estadounidenses de que su disuasión nuclear extendida en Europa sigue intacta".2

Modelo B: Disuasión por escalada máxima

Rusia

Rusia, enfrentando una inferioridad convencional creciente frente a la OTAN, ha desarrollado un modelo que compensa sus debilidades mediante una doctrina de escalada nuclear temprana y un umbral de uso reducido.

El conflicto en Ucrania ha erosionado la capacidad rusa para mantener una escalada convencional controlada.

La ineficacia de los ataques convencionales de precisión y la incapacidad de producir el número requerido de misiles redujo su "ventana no nuclear" antes del posible uso de armas nucleares.1 En este contexto, Rusia ha desplegado sistemas "exóticos" como el torpedo Poseidon y el misil Burevestnik, diseñados para evadir las defensas antimisiles estadounidenses y garantizar un segundo golpe.13

Sin embargo, las restricciones presupuestarias limitan la capacidad rusa para una expansión significativa de su arsenal. El presupuesto de defensa ruso, dedicado prioritariamente a la guerra en Ucrania, finalizó 2025 con un déficit del 2.6% del PIB. El desarrollo del misil Sarmat enfrenta retrasos y dificultades técnicas.1

Modelo C: Disuasión por blindaje

China

China presenta un modelo de disuasión que se caracteriza por una expansión nuclear acelerada diseñada no para competir en paridad con Estados Unidos, sino para crear un "escudo" que permita operaciones convencionales en su entorno regional.

La estrategia china responde a lo que Pekín considera la necesidad de una "posición de contraequilibrio estratégico —incluyendo la disuasión nuclear— para restringir la implicación militar estadounidense" en la región de Asia-Pacífico.13 La expansión nuclear proporciona a China la capacidad de disuadir la intervención estadounidense en un escenario de conflicto por Taiwán mediante la amenaza de represalias nucleares limitadas.

Este modelo difiere de la disuasión por destrucción asegurada rusa. Se trata de disuadir la intervención, no el ataque.

La expansión nuclear china no busca la paridad numérica con Estados Unidos, sino alcanzar una posición desde la cual Pekín pueda sentirse "en gran medida libre de coerción nuclear estadounidense".4

Modelo D: Disuasión por desgaste

Irán

Irán representa una variante singular del modelo de disuasión: la de un "actor umbral" que, sin poseer armas nucleares, utiliza su capacidad de enriquecimiento y una red de disuasión regional para desgastar estratégicamente a una superpotencia.

La capacidad de enriquecimiento de uranio hasta el 60% otorga a Irán la infraestructura necesaria para militarizar su programa nuclear con una decisión política. Incluso sin la militarización, el dominio del ciclo de enriquecimiento crea lo que los estrategas denominan "capacidad umbral": una infraestructura que solo requeriría una decisión política para avanzar hacia el uso militar.2

Irán ha mejorado la precisión de sus misiles, lo que transforma su capacidad de disuasión convencional. La red regional de grupos armados aliados —el "Eje de la Resistencia"— mantiene la confrontación lejos de las fronteras iraníes y traslada la presión hacia Israel, imponiendo costes de desgaste sin necesidad de una confrontación directa.2


Diagrama que ilustra cómo fluyen los cuatro modelos de disuasión estratégica entre las potencias.

Implicaciones geopolíticas de un sistema sin reglas compartidas

La coexistencia de estos cuatro modelos genera un sistema internacional caracterizado por tres riesgos principales:

Desajuste de percepciones

Cada actor opera con una lógica disuasoria diferente, lo que incrementa el riesgo de mal cálculo. Lo que para Estados Unidos es una señal de disuasión creíble (despliegue de portaaviones) puede ser interpretado por Irán como preparación para un ataque. Lo que para Rusia es una señal de escalada (ejercicios nucleares) puede ser visto por la OTAN como chantaje.4 8

Ausencia de líneas rojas comunes

La fragmentación normativa elimina los puntos de referencia compartidos sobre lo que constituye una escalada inaceptable. Como señala la Conferencia de Seguridad de Múnich 2026, la ecuación emergente es "ataques sin atribución y disuasión sin líneas rojas estables".10

Riesgo de escalada por accidente

La multiplicidad de modelos operando simultáneamente, sin mecanismos de comunicación y verificación robustos, incrementa el riesgo de escalada no intencionada. RAND Europe señala que "la ausencia del New START erosiona las normas, la transparencia y el diálogo institucionalizado que han ayudado a gestionar la competencia nuclear durante décadas".4 Esta erosión podría incentivar a los estados no nucleares a reconsiderar sus compromisos de no proliferación.4 14


De la estabilidad basada en la paridad a la incertidumbre 

Derivada de la coexistencia de modelos heterogéneos

La expiración del New START no es la causa de la fragmentación de la disuasión estratégica, sino su síntoma más visible. El sistema internacional ha transitado desde un modelo relativamente homogéneo —dos superpotencias con arsenales comparables y reglas compartidas— hacia un entorno donde coexisten al menos cuatro lógicas disuasorias diferentes, cada una adaptada a las capacidades y vulnerabilidades específicas de su protagonista.

Este sistema de cuatro modelos no es estable ni predecible. La ausencia de un marco normativo común, la multiplicidad de lógicas disuasorias y la desaparición de canales de comunicación robustos incrementan el riesgo de escalada y mal cálculo. Como señala el análisis de la Fundación para la Investigación Estratégica, la fragmentación de la disuasión plantea preguntas fundamentales sobre la capacidad de la Alianza Atlántica para adaptarse a un orden nuclear multipolar sin fragmentarse.2

La fragmentación de la disuasión estratégica es, en última instancia, el reflejo de un orden internacional que ha perdido sus puntos de referencia compartidos. 

Restaurar la estabilidad requiere no solo nuevos acuerdos de control de armas, sino un entendimiento renovado sobre las reglas del juego estratégico en un mundo donde la disuasión ya no es un asunto bilateral, sino un fenómeno multidimensional y fragmentado. En su análisis la "Tercera Edad Nuclear", Andrew Futter advierte: la cuestión central es si la humanidad está preparada para confrontar los desafíos de esta nueva era.11




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