tiempo estimado de lectura : 10
11 Mar
11Mar

Del memorando de paz a la guerra abierta. Cómo la contradicción dejó de ser un desliz para convertirse en método.


Actualización: 27-07-2026

Ensayo

La administración Trump ha convertido la contradicción en norma. Cuando el 17 de junio de 2026 se firmó el Memorando de Islamabad, el mundo respiró aliviado ante la perspectiva de un alto el fuego duradero entre Estados Unidos e Irán.¹ Apenas un mes después, el presidente declaraba que el acuerdo "ha terminado" y ordenaba reanudar los ataques aéreos.² Este péndulo entre la paz y la guerra, entre la promesa de desescalada y la realidad de la escalada, ha dejado de ser una anomalía comunicativa para convertirse en el sello distintivo de una política exterior que navega sin rumbo fijo.³


Imagen conceptual hiperrealista en formato 3:2 sobre la crisis de coherencia en la administración estadounidense frente al conflicto con Irán.

El ciclo de la confusión

De la tregua al bombardeo en cuarenta días

El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron una serie de bombardeos aéreos sorpresa sobre varias ciudades de Irán, en medio de negociaciones diplomáticas en curso.⁴ Lo que comenzó como una guerra relámpago se transformó rápidamente en un conflicto de desgaste que, a finales de julio, acumulaba ya cinco meses de hostilidades. Las contradicciones internas de la administración estadounidense se manifestaron desde el primer día: mientras el Pentágono hablaba de una "etapa temprana" del conflicto, Trump lo minimizaba calificándolo como una "excursión a corto plazo".³

El Memorando de Islamabad, firmado el 17 de junio, parecía ofrecer una salida negociada. El acuerdo contemplaba el cese permanente de las operaciones militares, la apertura del estrecho de Ormuz, el levantamiento del bloqueo naval y las sanciones económicas, y una partida de más de 300 mil millones de dólares para la reconstrucción de Irán.¹ 

Sin embargo, la paz resultó efímera. El 25 de junio, Estados Unidos lanzó nuevos ataques tras un incidente en el estrecho, y para el 29 de junio ambas partes acordaron cesar temporalmente las hostilidades.

El ciclo se repitió con creciente intensidad a lo largo de julio. El 27 de julio de 2026, se reportaron enfrentamientos directos entre Irán e Israel, incluyendo un intercambio de misiles que, según informaciones, fue detenido a petición de Trump.⁶ Horas después, el presidente estadounidense declaró que las conversaciones para un acuerdo diplomático estaban "en el límite" y que Teherán mostraba "mayor disposición a negociar", al tiempo que su administración reanudaba los ataques aéreos contra objetivos iraníes.²


Moscú, el beneficiario silencioso

La consolidación del poder ruso

Mientras Washington oscila entre la guerra y la paz, Moscú observa y cosecha. La oferta de mediación rusa, formulada por el representante permanente de Rusia ante las organizaciones internacionales en Viena, Mikhail Ulyanov, ya en marzo de 2026, ha encontrado un terreno fértil.⁷ Putin ha mantenido conversaciones con Trump ofreciéndose como mediador para una "rápida resolución diplomática", presentándose como una potencia indispensable en la región.⁶

La paradoja es que la propia administración estadounidense ha facilitado el ascenso de Rusia. El levantamiento temporal de sanciones durante el período del memorando, combinado con el repunte de los precios del petróleo alimentado por la incertidumbre, ha permitido a Moscú obtener beneficios económicos sustanciales sin necesidad de intervenir militarmente.⁶ 

A finales de julio, la posición de Rusia como actor clave en la región se ha consolidado, capitalizando la debilidad estratégica de Estados Unidos para obtener concesiones en otros frentes, como Ucrania.³

Rusia dejó de ser beneficiario indirecto del aumento del petróleo para convertirse nuevamente en un interlocutor cuya participación Washington considera necesaria en determinados expedientes estratégicos.


Aliados en la incertidumbre

Israel y el dilema de la autoprotección

El caos estratégico de Washington tiene consecuencias directas sobre sus aliados. Israel, en particular, se encuentra en una posición delicada. Aunque el gobierno de Netanyahu respalda los esfuerzos diplomáticos de Estados Unidos, ha dejado claro que no cederá en sus exigencias de seguridad, como el desmantelamiento de la infraestructura nuclear y de misiles de Irán.³

La dinámica se ha vuelto especialmente tensa a finales de julio. Israel ha llevado a cabo operaciones terrestres en el sur de Líbano para impedir que Hezbolá dispare cohetes contra su territorio, mientras Teherán amenaza con responder "con más severidad y fuerza que antes" si continúan los ataques.⁶

El temor israelí a quedar atrapado en una espiral de violencia sin respaldo fiable ha llevado a discusiones internas sobre posibles salidas unilaterales. La pregunta que flota en Tel Aviv es si la administración Trump, con su política de vaivenes, puede ser considerada un aliado fiable en una crisis existencial.³


Infografía que ilustra el impacto económico de la guerra en Medio Oriente sobre los recursos agrícolas y energéticos.

El coste económico de la confusión

De los mercados a los hogares

El impacto de la guerra no se limita al tablero geopolítico. La incertidumbre ha disparado los precios del petróleo, afectando directamente la vida cotidiana de los ciudadanos. En abril de 2026, el petróleo Brent alcanzó un promedio de 120 dólares por barril, casi un 70% más que antes del inicio de las hostilidades. Los fertilizantes subieron un 44% y la urea, uno de los insumos agrícolas más utilizados, se encareció un 82%.⁸

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha advertido que los efectos del conflicto se prolongarán durante todo 2026, incluso si las partes vuelven a la mesa de negociaciones.⁸ El encarecimiento de los combustibles, los fertilizantes y el transporte internacional amenaza con frenar la reducción de las tasas de interés, debilitar el crecimiento económico y golpear el bolsillo de los hogares en todo el mundo. Para los ciudadanos, la crisis geopolítica se ha transformado en una crisis doméstica: cada viaje al surtidor de gasolina o cada compra en el supermercado refleja el costo de una estrategia que no logra encontrar su rumbo.

Existe una estrategia extraordinariamente flexible, pero comunicada de forma contradictoria.


Tres escenarios para un futuro incierto

La pregunta que planea sobre el análisis geopolítico es si estamos ante un caos gestionado o simplemente ante caos. La respuesta podría definirse por tres escenarios futuros:

El primero, la desescalada gestionada, supondría una salida negociada que permitiría a Trump reclamar una victoria, pero que probablemente dejaría intactas las capacidades nucleares de Irán, postergando el problema. El segundo, la espiral de escalada, representa el escenario más peligroso, donde un error de cálculo convierta el conflicto en una guerra regional a gran escala. El tercero, el realineamiento de Putin, contempla a Rusia capitalizando su posición como mediador indispensable, utilizando la debilidad estratégica de Estados Unidos para obtener concesiones en otros frentes.³


La lección para el mundo

La credibilidad como víctima colateral

El Pentágono contradijo al presidente en 72 horas. El eslogan de "América Primero" resuena ahora con ironía, mientras Rusia se consolida como el principal beneficiario económico y geopolítico. Incluso si la guerra terminara mañana, la lección ya ha sido absorbida por cada gobierno, ejército y agencia de inteligencia del mundo: no se puede confiar en que la comunicación estratégica estadounidense se mantenga consistente de un viernes a un lunes.³

¿La administración Trump utiliza la ambigüedad estratégica como instrumento de negociación o esa ambigüedad terminó convirtiéndose en una vulnerabilidad estructural?

Los objetivos de guerra de Estados Unidos parecen cambiar al ritmo del mercado de valores. Cuando la presión aumenta, la primera llamada no es a sus aliados de la OTAN o a Israel, sino a Moscú. Esto plantea la inquietante duda final: 

¿Trump se rindió ante Irán o simplemente reveló que nunca hubo un plan coherente desde el principio? Cuando llegue la próxima crisis —que es inevitable—, ¿quién va a creer en el cronograma, los objetivos o la promesa de que esta vez será diferente?³



Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.