“Qui desiderat pacem, praeparet bellum”
— Vegetio, Epitoma Rei Militaris, Libro III, Prefacio
27-05-2026
La expiración del Tratado New START, el pasado 5 de febrero, marcó el fin de medio siglo de marcos reguladores para la capacidad nuclear mundial.
Lo que pudo interpretarse como un trámite burocrático se reveló como el punto de partida de una reconfiguración profunda de la seguridad internacional.
Tres meses después, en mayo de 2026, los ejercicios nucleares rusos y el plan alemán Kriegstüchtigkeit 2029 aparecen como las dos caras de una misma moneda: la entrada definitiva en la era post-control de armas, donde la estabilidad ya no se negocia. Se construye con presupuestos, tecnología y disciplina.
Este análisis conecta la evolución estratégica global con la respuesta europea, bajo la óptica clásica de Vegetio: prepararse no para desatar la guerra, sino para sostener la paz mediante una fuerza capaz, organizada y creíble.
El colapso del último tratado de limitación de arsenales liberó una dinámica de rearme sin precedentes. Por primera vez desde la década de 1970, las grandes potencias —Estados Unidos, Rusia y China— diseñan sus fuerzas sin límites externos ni inspecciones recíprocas.
Los datos son contundentes:
Estados Unidos solicitó 60 mil millones de dólares para su infraestructura nuclear en 2026 y prevé invertir hasta 946 mil millones en modernización a largo plazo con programas como el misil Sentinel o la ojiva B61-13.
Para 2027, el presupuesto de la Administración Nacional de Seguridad Nuclear crecerá 29%, hasta los 32 mil 800 millones.
Rusia, bajo una doctrina que analistas denominan del “uso o pérdida”, aprovecha la ausencia de controles para maximizar la capacidad de sus sistemas existentes.
Misiles como el Sarmat o el Yars, antes limitados a una sola ojiva por tratado, ahora pueden equiparse con múltiples cabezas (tecnología MIRV), lo que permitiría duplicar su arsenal desplegado en solo 24 a 36 meses.
En 2025, el gasto militar conjunto de las tres potencias alcanzó los 1.48 billones de dólares y Rusia priorizó su capacidad de despliegue inmediato.
China, en su 15º Plan Quinquenal (2026-2030), vive la expansión más rápida del siglo: de 300 ojivas en 2019 pasado a más de 600 en 2026 con el objetivo de alcanzar la paridad cualitativa para el final de la década.
Este nuevo orden ha generado lo que se conoce como el Trilemma Nuclear de 2026, tres realidades que erosionan la estabilidad y que se une al concepto la pausa más breve.
Es en este contexto global donde deben leerse los ejercicios nucleares rusos de mayo de 2026 y la respuesta alemana con su hoja de ruta Kriegstüchtigkeit 2029. No son sucesos aislados, sino manifestaciones locales de este cambio sistémico.
Moscú utiliza estas maniobras para redefinir las reglas del juego en su flanco occidental con tres mensajes claros:
La respuesta alemana representa un cambio histórico. Lo que comenzó en 2022 como un giro conceptual —la Zeitenwende o “cambio de era”— se ha convertido en un plan concreto: lograr la plena capacidad combativa del Bundeswehr para 2029, según ha fijado el general Carsten Breuer.
Los pilares de esta transformación son:
El contraste es evidente: mientras Rusia demuestra lo que puede hacer, Alemania construye lo que podrá hacer en tres años. Esa brecha temporal es el centro del dilema de seguridad europeo actual.
Es aquí donde recuperamos la enseñanza de Vegetio, escrita en el siglo IV d.C., pero plenamente vigente. Su lema, “quien desea la paz, prepare la guerra”, se suele reducir a una advertencia belicista, pero su obra va mucho más allá.
Para el estratega romano, la victoria y la seguridad no dependían de la fuerza bruta ni de la cantidad de hombres, sino de la disciplina, el entrenamiento y la logística.
Vegetio describe a la Legio no como una multitud armada, sino como una máquina organizada: hombres entrenados para actuar en conjunto, con equipos estandarizados, cadenas de mando claras y suministros asegurados.
Esa es exactamente la diferencia que hoy separa ambos modelos:
El modelo ruso apela a la masa, a la velocidad y a la amenaza del poder destructivo.
Es la expresión de la fuerza bruta: impresionante en el despliegue, pero dependiente de que el oponente se rinda ante la sola exhibición.
El modelo alemán busca la disciplina moderna: estructuras eficientes, tecnología superior, integración de sistemas y preparación profunda. No busca la guerra, busca ser tan difícil de vencer que la guerra deje de ser una opción para el adversario.
Este es el verdadero Trilemma de Vegetius al que alude nuestro título:
El Bundeswehr de 2029 no busca repetir la historia de 1939, sino encarnar la lección del año 390 d.C.: ser una fuerza tal, que su sola existencia asegure las fronteras.
Es una visión estoica de la seguridad: la preparación no es un deseo de conflicto, sino el ejercicio de la razón para evitarlo.
El horizonte de 2029 aparece como la fecha clave. Si 2026 es el año del fin de las reglas, 2029 será el año de la maduración de los sistemas que hoy se están diseñando.
Para entonces: Los programas de modernización nuclear de EE.UU., Rusia y China habrán alcanzado su plenitud con arsenales más numerosos, más variados y mucho menos predecibles.
Alemania y Europa habrán completado su transformación militar pasando de ser un consumidor de seguridad a un proveedor de la misma.
La conclusión es clara: la disuasión ha dejado de ser un equilibrio estático para convertirse en una carrera de resistencia financiera y tecnológica.
Ya no hay “seguridad garantizada”; solo preparación continua.
Volviendo a Vegetio, su advertencia sigue intacta: “Ningún estado ha sido nunca destruido por prepararse para la guerra”. En este nuevo escenario post-New START, donde las reglas han desaparecido y la incertidumbre crece, la paz armada deja de ser una opción ideológica para convertirse en la única estrategia racional.
La disciplina en la preparación es, hoy más que nunca, el precio de la libertad.