Un núcleo de seguridad y disuasión con capacidades desiguales, no una tripolaridad integral equivalente.
Estados Unidos, China y Rusia poseen amplias capacidades estratégicas de poder global. Pero el triángulo no es equilátero: Washington conserva la combinación más amplia, Beijing desafía la estructura y Moscú pesa por su potencialidad nuclear y militar. Este capítulo examina los alcances, límites internacionales y asimetrías relativas.
El análisis de la redistribución de capacidades conduce a la pregunta:
¿qué actores concentran la capacidad de alterar directamente los cálculos estratégicos del sistema internacional?
En una primera aproximación, la respuesta apunta a Estados Unidos, China y Rusia. Los tres poseen combinaciones militares, nucleares y de influencia internacional que ningún otro actor tiene en conjunto.
Este triángulo estratégico no demuestra que el sistema sea tripolar. Para hablar de tripolaridad integral habría que establecer que los tres actores pueden actuar con autonomía suficiente y condicionar varios instrumentos de poder, no solo que todos posean capacidades militares o nucleares importantes. La comparación muestra una estructura asimétrica: Estados Unidos conserva la combinación más amplia, China es el principal desafío estructural a esa primacía y Rusia dispone de instrumentos estratégicos que exceden su peso económico.
La posición de Estados Unidos sigue siendo singular, aunque ya no resulte adecuado describirla como una supremacía homogénea en todas las dimensiones. En 2026, su característica principal es la coexistencia de una primacía amplia con una competencia creciente y límites distintos según el ámbito.
En materia militar, Estados Unidos conserva el mayor gasto de defensa, la capacidad de proyección global, presencia exterior, fuerzas aéreas y navales extensas y una red de alianzas que amplía su perímetro de acción. Según estimaciones de SIPRI, el gasto militar estadounidense alcanzó los 954,000 millones de dólares en 2025, frente a los 336,000 millones de China y 190,000 millones de Rusia. Los tres países reunieron alrededor del 51% del gasto militar mundial, estimado en 2,887,000 millones de dólares. Estas cifras indican una concentración importante de recursos, pero no equivalen por sí solas a una medida del poder militar efectivo.
La posición estadounidense también depende de su capacidad para movilizar recursos colectivos. Sus alianzas, infraestructura y relaciones de seguridad le permiten coordinar capacidades que superan las que controla directamente. La respuesta occidental a la invasión rusa de Ucrania ha mostrado la relevancia de esa red de apoyo, aunque la capacidad para movilizar aliados no significa que Washington determine por sí solo todos los resultados del conflicto.
En el ámbito financiero, el dólar sigue ocupando una posición central. De acuerdo con los datos más recientes del International Monetary Fund (IMF), representaba aproximadamente el 56.7% de las reservas de divisas mundiales al cierre del segundo trimestre de 2026. Esta posición proporciona a Estados Unidos una capacidad de influencia que China y Rusia no han reproducido de manera equivalente, aunque no implica un control absoluto de las finanzas internacionales.
En tecnología, Estados Unidos conserva la ventaja en cuanto a investigación avanzada, empresas tecnológicas, diseño de semiconductores y otras áreas críticas. Sin embargo, la escala industrial de China y la distribución internacional de las cadenas tecnológicas hacen que la competencia no se pueda resumir en una clasificación general de cuál país es "superior". También importa quién controla los nodos críticos y qué alternativas existen si se interrumpe su acceso.
Por lo tanto, la primacía estadounidense persiste, pero no equivale a control unilateral del sistema.
Estados Unidos conserva una combinación excepcional de capacidades y alianzas, mientras otros actores pueden limitar su libertad de acción, competir en sectores concretos o hacer más costosa la conversión de su superioridad en resultados.
La importancia de China deriva de la combinación de varias capacidades que se refuerzan entre sí: escala económica e industrial, posición comercial, expansión tecnológica, modernización militar, crecimiento de su arsenal nuclear y mayor actividad diplomática. Es el único competidor con recursos suficientes para disputar a Estados Unidos una parte amplia del poder estructural del sistema.
La diferencia entre China y Rusia es importante. Rusia puede alterar determinados equilibrios estratégicos, pero China posee una base económica e industrial más extensa para sostener una competencia prolongada en múltiples dimensiones.
SIPRI estima que China ejerce el segundo mayor gasto militar con 336,000 millones de dólares. La cifra adquiere mayor relevancia si se considera la modernización de sus fuerzas, el desarrollo de capacidades navales, misilísticas, espaciales y cibernéticas, y la ampliación de sus sistemas de mando y control. Esto no demuestra que China disponga de facultades militares globales iguales a la estadounidense. Pero, sí muestra que el costo de una intervención externa en su entorno estratégico es mayor que en décadas anteriores.
La expansión nuclear china añade otra variable. Según estimaciones recientes de SIPRI, al comienzo de 2026 China poseía aproximadamente 620 ojivas nucleares, frente a unas 600 el año anterior y unas 500 dos años antes, y continúa desarrollando infraestructura para sus fuerzas estratégicas. Esas cifras deben interpretarse con cautela y junto con otros factores, como la doctrina de disuación, los sistemas de lanzamiento y la supervivencia de las fuerzas. Su relevancia reside en que la relación nuclear ya no puede analizarse exclusivamente como una interacción bilateral entre Washington y Moscú.
New START expiró sin un acuerdo sucesor equivalente. Antes de su expiración, Rusia propuso una extensión temporal de los límites y Washington insistió en que un marco futuro debía incluir a China. El cambio no produce una nueva distribución de poder, pero modifica el entorno institucional en el que se gestionaba la competencia entre las principales potencias nucleares.
Aun así, la expansión china no equivale a una sustitución consumada de la primacía estadounidense.
Persisten diferencias en la experiencia militar global, las alianzas, la infraestructura exterior, las capacidades financieras y ciertos segmentos tecnológicos. China constituye un desafío estructural porque transforma las opciones de Estados Unidos y amplía las alternativas de terceros, no porque haya alcanzado la paridad integral.
La relación sino-estadounidense también combina competencia e interdependencia. Esta combinación impide reducirla a una reedición simple de la Guerra Fría: las dos potencias compiten en áreas estratégicas y, a la vez, mantienen vínculos económicos relevantes.
Rusia ocupa una posición distinta. Su peso económico y demográfico es inferior al de Estados Unidos y China, pero esa diferencia no la vuelve estratégicamente irrelevante. Este caso muestra por qué su capacidad de alterar decisiones no puede medirse mediante el tamaño de la economía.
En el ámbito nuclear, Rusia sigue formando, junto con Estados Unidos, el núcleo de los dos mayores arsenales. Según SIPRI, al comienzo de 2026 Rusia poseía 5,420 armas nucleares, frente a unas 5,042 estadounidenses. Estas cifras incluyen distintas categorías —ojivas desplegadas, reservas militares y ojivas retiradas— y no deben confundirse con el número de armas desplegadas. La magnitud de los arsenales, junto con las capacidades misilísticas, permite a Rusia condicionar cálculos de seguridad que no pueden explicarse mediante su peso económico.
Rusia también dispone de una industria militar adaptada a las condiciones de una guerra prolongada, recursos energéticos, una posición geográfica que conecta Europa y Asia y, un asiento permanente con derecho de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Las sanciones y la reorientación de sus mercados energéticos cambiaron sus relaciones económicas, pero no eliminaron todos sus instrumentos de influencia.
El gasto militar ilustra tanto su capacidad de movilización como sus costos. En 2025, SIPRI estimó un gasto de 190,000 millones de dólares, equivalente al 6.6% del gasto militar mundial y a cerca del 7.5% del PIB ruso. La proporción respecto de la economía muestra el esfuerzo destinado a la competencia militar, pero también las tensiones asociadas a sostenerlo.
Rusia no posee la combinación multidimensional de capacidades de Estados Unidos ni la base económica e industrial de China.
Tampoco puede describirse como una potencia regional convencional. Su poder estratégico es desproporcionado respecto de su peso económico: sus capacidades nucleares, militares, energéticas e institucionales le permiten producir efectos que superan lo que sugerirían indicadores económicos agregados.
La comparación permite distinguir entre un triángulo estratégico y una estructura tripolar integral.
Estados Unidos mantiene la combinación más amplia de capacidades. China ha desarrollado una base económica, industrial y tecnológica que le permite disputar en varias dimensiones la posición estadounidense. Rusia posee capacidades excepcionales en ciertos ámbitos, sobre todo el nuclear y militar, pero enfrenta mayores límites económicos, demográficos y tecnológicos.
Por eso puede hablarse de una configuración tripolar parcial o sectorial.
En materia nuclear, la expansión china obliga a considerar la interacción entre tres grandes potencias, aunque los arsenales de Estados Unidos y Rusia sigan siendo considerablemente mayores. En materia militar, los tres son actores centrales, pero sus capacidades y alcances son desiguales. En economía y finanzas, la posición rusa es distinta de la estadounidense y la china. En tecnología, la competencia se concentra principalmente en Estados Unidos y China, mientras Rusia desempeña un papel más limitado.
El triángulo no es una estructura de tres lados equivalentes. Su importancia cambia según la dimensión analizada: Estados Unidos ocupa la posición más grande, China es el competidor estructural de mayor alcance y Rusia conserva capacidades estratégicas que le permiten condicionar a ambos en ámbitos específicos.
La distinción entre polaridad y dependencia permite precisar esta conclusión. Estados Unidos puede conservar ventajas militares y financieras y, al mismo tiempo, depender de proveedores, mercados o cadenas de suministro. China puede desafiar a Estados Unidos en tecnología y mantener con él relaciones económicas importantes. Rusia puede tener una economía menor y, sin embargo, conservar una capacidad nuclear capaz de afectar las decisiones de las otras potencias.
Por consiguiente, la concentración de capacidades no coincide con la concentración de dependencias.
La guerra de Ucrania permite estudiar capacidades militares, disuasión nuclear, sanciones, energía, tecnología, industria de defensa, alianzas y diplomacia. No representa todo el sistema internacional, pero sirve como prueba de estrés para examinar cómo interactúan varias formas de poder.
En primer lugar, el conflicto demuestra que Rusia conserva capacidades militares y estratégicas considerables, pero también que tienen límites. La duración de la guerra y la necesidad de sostener la producción y reposición de material muestran que el poder militar no puede calcularse a partir del tamaño de las fuerzas o del gasto inicial.
En segundo lugar, el apoyo financiero, militar, tecnológico y de inteligencia de Estados Unidos y sus aliados muestra la importancia de movilizar redes de cooperación. La capacidad de Ucrania para sostener su defensa depende en gran medida de asistencia externa. En 2026, la Unión Europea y Ucrania anunciaron haber identificado los medios para cubrir las necesidades presupuestarias y de defensa del año, en el marco de un paquete europeo de hasta 90,000 millones de euros para 2026 y 2027. Paralelamente, Alemania comunicó nuevos compromisos militares y energéticos con Ucrania, incluyendo ayuda armamentística, reparación de infraestructura energética y cooperación en la producción de drones.
En tercer lugar, la guerra ha mostrado que la adaptación industrial y tecnológica importa tanto como la posesión inicial de sistemas avanzados. Drones, defensa aérea, guerra electrónica, inteligencia satelital, municiones y la capacidad para producir o reemplazar equipos influyen en la continuidad del esfuerzo militar.
China, aunque no se haya convertido en parte beligerante directa, incide en el entorno económico y diplomático del conflicto. Sus relaciones con Rusia y su importancia en el comercio, energía y tecnologías muestran que un actor puede influir en una guerra sin participar formalmente en ella. La relación sino-rusa es una asociación estratégica estrecha, pero no debe tratarse como una alianza militar plenamente integrada ni como una coincidencia de intereses en todos los ámbitos.
Las sanciones también muestran los límites y efectos de la interdependencia. Han elevado costos para Rusia y transformado sus vínculos económicos con Europa, pero no han producido por sí solas una interrupción total de su capacidad para sostener la guerra. La adaptación de los flujos comerciales y energéticos ilustra que las medidas de presión pueden coexistir con respuestas que atenúan, aunque no necesariamente eliminan, sus efectos.
Finalmente, la guerra se desarrolla bajo la sombra de los arsenales nucleares estadounidense y ruso, mientras que el chino continúa creciendo. Las armas nucleares no tienen que emplearse para afectar las decisiones de los actores: pueden limitar los riesgos que terceros están dispuestos a asumir y elevar la preocupación por una escalada o un error de cálculo.
En suma, Ucrania muestra que las distintas formas de poder producen efectos diferentes. Rusia puede utilizar su capacidad nuclear para condicionar el riesgo de intervención directa sin controlar la economía mundial. Estados Unidos puede movilizar recursos y alianzas sin determinar unilateralmente la evolución del conflicto. China puede influir en el entorno sin ser parte beligerante. Europa puede depender de Estados Unidos para ciertas capacidades de seguridad y ampliar su contribución financiera y militar.
La comparación permite sostener que Estados Unidos, China y Rusia forman un núcleo estratégico relevante, pero no que ese núcleo agote la estructura internacional.
Estados Unidos conserva la combinación más amplia de capacidades, China es el principal desafío estructural a su posición y Rusia mantiene medios estratégicos que exceden su peso económico. Las relaciones entre los tres también son diferentes: el vínculo Washington y Beijing combina competencia estructural e interdependencia económica; entre Washington y Moscú existe una rivalidad estratégica y de gestión de riesgos nucleares; Beijing y Moscú gestionan una asociación estrecha, pero asimétrica y no equivalente a una alianza integral.
La concentración de capacidades militares y nucleares de los tres Estados no implica que la economía, tecnología, energía, instituciones, cadenas de suministro y las alianzas estén organizadas en torno a ellos. India conserva una política de autonomía estratégica, Europa posee capacidades económicas e institucionales propias, Japón y Australia refuerzan sus vínculos de seguridad con Estados Unidos mientras mantienen relaciones económicas con China, y diversos Estados de Oriente Medio buscan ampliar sus alternativas.
La formulación más precisa es la de un núcleo estratégico tripolar dentro de una estructura internacional amplia y asimétrica.
Esta conclusión reconoce la relevancia de los tres actores sin atribuirles capacidades equivalentes ni convertir sus interacciones en una explicación total del sistema.
El triángulo EEUU–China–Rusia existe como concentración estratégica, pero no constituye una tripolaridad integral. Su importancia reside en que son capaces de condicionar la seguridad internacional, mientras otras dimensiones del poder y las relaciones de dependencia incorporan a actores adicionales.
Capítulos del ensayo Plurilateralidad asimétrica, cómo entender la nueva distribución del poder global:
1. Claves para entender el orden internacional global en transformación.
2. Polaridad y dependencia: cómo leer la estructura global del poder.
3. Redistribución desigual: seis dimensiones del poder entre 2008 y 2026.
4. El triángulo estratégico: Estados Unidos, China y Rusia en 2026.
5. India: ¿cuarto polo o potencia bisagra en el sistema global?
6. Tecnología, energía y cadenas: la nueva geopolítica del poder global.
7. Arquitectura de dependencia: poder, vulnerabilidad y autonomía en redes globales.
8. Oriente Medio: laboratorio regional de la plurilateralidad asimétrica.
9. Europa y América Latina: dependencias, autonomía y geometrías variables.
10. Unipolaridad, bipolaridad, tripolaridad, tetrapolaridad o multipolaridad: ¿qué lo explica mejor?
11. Un sistema sin centro único: conclusiones sobre el poder global.