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12 Oct
12Oct

Cómo cambian capacidades militares, nucleares, económicas, tecnológicas, energéticas e institucionales sin equivalencia global.


Poder Global

Entre 2008 y 2026 el poder no se desplazó en bloque, se redistribuyó en forma desigual. La crisis financiera, el ascenso chino, la guerra en Ucrania y la disputa tecnológica alteraron distintas dimensiones o ámbitos de poder. Este capítulo recorre seis ámbitos para mostrar dónde persisten las concentraciones y dónde surgen nuevos centros globales.


La ilustración 3:2 representa cómo en las últimas dos décadas, el poder global no se ha desplazado en bloque; se ha venido redistribuyendo de forma desigual.

El primer paso para determinar la configuración internacional de 2026 es observar cómo han cambiado las capacidades de los principales actores. Entre 2008 y 2026, la transformación no ha sido el desplazamiento completo del poder desde un centro dominante hacia otros equivalentes. Ha sido una redistribución desigual: algunas capacidades se extendieron o fortalecieron fuera de Estados Unidos, mientras otras siguen concentradas en un número reducido de actores.

Redistribución no significa igualación. 

El crecimiento económico o tecnológico de un Estado no implica que haya alcanzado la misma autonomía militar. La capacidad nuclear puede alterar los cálculos estratégicos de otros actores sin traducirse en influencia económica equivalente. Por esta razón, la evolución del orden internacional debe examinarse en base a varios instrumentos de poder, sin reducirlos a indicadores únicos.

El periodo 2008–2026 reúne acontecimientos que afectan esas dimensiones de distintas maneras. La crisis financiera de 2008 evidenció la estabilidad del modelo económico occidental, sin eliminar la centralidad de Estados Unidos. El crecimiento de China transformó el equilibrio industrial y comercial. La anexión rusa de Crimea en 2014 y la guerra iniciada en Ucrania en 2022 devolvieron la seguridad militar y nuclear al centro de la competencia. 

Al mismo tiempo; semiconductores, inteligencia artificial y cadenas de suministro adquirieron relevancia estratégica; los mercados energéticos cambiaron y distintos Estados buscaron ampliar su margen de maniobra mediante agrupaciones y mecanismos de cooperación.

Estos procesos no han avanzado en una sola dirección ni con igual intensidad. El resultado es una distribución de capacidades que difiere según la dimensión considerada.


Dimensión militar

Ventaja y expansión de capacidades

Estados Unidos conserva una combinación de capacidades militares que ningún otro actor posee. Entre sus ventajas se encuentran el alcance global, proyección de fuerza, poder aéreo y naval, infraestructura exterior, sistemas de inteligencia y vigilancia, movilidad estratégica, alianzas y la industria necesaria para sostener operaciones extraterritoriales.

Esta posición no implica que la brecha entre Estados Unidos y los demás actores se mantenga inalterada en todos los ámbitos. China ha modernizado sus fuerzas armadas y ampliado sus capacidades navales, aéreas, misilísticas, espaciales y cibernéticas, así como de mando y control. Parte de esa modernización le permite aumentar la capacidad de operación en entornos estratégicos y elevar el costo de una intervención externa en territorio propio.

Por su parte, Rusia posee un potencial militar y misilístico capaz de producir efectos estratégicos importantes, aunque sus recursos económicos y restricciones materiales sean distintos de los de Estados Unidos y China. India ha desarrollado capacidades navales, industriales y misilísticas, mientras conserva una política exterior orientada a mantener márgenes de decisión. Francia y el Reino Unido continúan teniendo competencias militares de alcance global; Japón, Australia y diversas potencias regionales han reforzado las propias y sus vínculos de seguridad.

Por lo tanto, la transformación no consiste en que Estados Unidos haya perdido su posición militar predominante, sino en que otros actores pueden disputar determinadas ventajas, elevar costos de intervención o limitar la libertad de acción en espacios específicos. 

La geografía también importa: la capacidad de actuar globalmente no equivale a disponer de la misma ventaja en todos los teatros.

La guerra en Ucrania muestra además que la capacidad militar efectiva no depende únicamente del presupuesto o del inventario de armamento. La producción industrial, reposición de material, logística, inteligencia, adaptación tecnológica y la capacidad de sostener un esfuerzo prolongado también condicionan los resultados. El conflicto no constituye por sí solo una descripción del sistema mundial, pero sí ilustra la interacción entre capacidades militares, industriales, tecnológicas y de apoyo externo.

En conjunto, la dimensión militar combina una fuerte concentración global de capacidades con una expansión de medios capaces de disputar ventajas en escenarios concretos. La jerarquía no ha desaparecido, pero es más disputada y geográficamente diferenciada.


Dimensión nuclear

Concentración extrema y transformación estratégica

La distribución de capacidades nucleares continúa siendo altamente concentrada. Estados Unidos y Rusia poseen los dos arsenales más grandes y reúnen la mayoría de las armas nucleares existentes. China, sin embargo, ha ampliado y modernizado su arsenal, lo que modifica una estructura que durante décadas estuvo dominada por la relación bilateral entre Washington y Moscú.

El significado estratégico de esta transformación no depende solo del número de ojivas. También, de los sistemas de lanzamiento, las fuerzas desplegadas, la capacidad de segundo golpe, la supervivencia del arsenal, los sistemas de alerta y la doctrina. La capacidad nuclear debe entenderse como una estructura de disuasión, no únicamente como un inventario.

La expansión china introduce un tercer actor en los cálculos estratégicos de las principales potencias. Esto no significa que China haya alcanzado una equivalencia nuclear con Estados Unidos o Rusia. La estabilidad estratégica no puede examinarse mediante una relación bilateral, en particular cuando cambian las capacidades y percepciones de riesgo de los tres actores.

Rusia conserva una capacidad nuclear que constituye el componente central de su posición internacional. La guerra en Ucrania muestra que las armas nucleares pueden condicionar las decisiones de terceros incluso cuando no se emplean: afectan los límites de intervención, los cálculos de riesgo y las percepciones de escalada.

La expiración de New START en febrero de 2026 modificó el marco institucional de la relación nuclear entre Estados Unidos y Rusia. El fin del tratado no produjo por sí solo una redistribución automática de las capacidades, pero eliminó el último instrumento bilateral que establecía límites jurídicamente vinculantes a los arsenales estratégicos de ambos países.

A la concentración de Estados Unidos y Rusia se suma la presencia de China, Francia, el Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte como Estados poseedores de armas nucleares. Sus arsenales, doctrinas y funciones estratégicas son distintos, por lo que su presencia no implica que todos ocupen posiciones de igualdad.

Así, la dimensión nuclear combina la concentración cuantitativa con la diversificación estratégica creciente. 

Esta tendencia es relevante para evaluar la hipótesis de una configuración tripolar en el ámbito nuclear, pero no permite deducir por sí sola que el sistema internacional, en su conjunto, sea tripolar.


Dimensión económica

Redistribución e interdependencia

El ámbito económico es uno de los espacios donde la redistribución de capacidades es más visible. China ha ampliado su peso industrial, comercial y productivo; mientras India y otras economías incrementaron su participación en la economía internacional. Sin embargo, Estados Unidos conserva la posición central en finanzas internacionales, mercados de capitales, moneda de reserva y determinados instrumentos de presión financiera.

La comparación económica depende de la métrica utilizada. El tamaño de una economía puede medirse a partir del PIB nominal o de la paridad del poder adquisitivo; medidas que responden a preguntas distintas y no deben intercambiarse sin explicación. Ninguna cifra representa la capacidad económica para ejercer influencia.

La relación entre Estados Unidos y China muestra por qué deben analizarse conjuntamente capacidades y dependencias. Ambos mantienen una competencia estratégica intensa y, a la vez, relaciones económicas relevantes. Los controles sobre ciertas tecnologías, inversiones o exportaciones pueden utilizarse como instrumentos de presión. La escala industrial y la posición de China en determinadas cadenas de suministro también pueden generar influencia.

La cuestión no es decidir cuál de las dos economías "domina" en términos absolutos, sino precisar en qué actividades se concentran las decisiones, qué relaciones dependen de cada actor y qué alternativas existen ante una interrupción. Estados Unidos conserva ventajas financieras e institucionales, China posee una escala manufacturera y comercial que tiene consecuencias geopolíticas.

El crecimiento de India añade otra variable. Una economía en expansión puede ampliar la base material de la política exterior y de las facultades industriales, tecnológicas y militares. Pero el tamaño económico no se convierte en autonomía o influencia: también importa el potencial de transformar los recursos en decisiones, resiliencia y poder negociador.

En suma, la redistribución económica es más visible que la militar, pero no es igual a una descentralización completa. 

La estructura combina aptitudes diferenciadas con relaciones de interdependencia que pueden ser recíprocas y asimétricas.


Dimensión tecnológica

Innovación y control de nodos críticos

La tecnología influye de manera creciente en las capacidades económicas, militares e industriales. Para analizarla conviene distinguir entre innovación, la facultad de producir a escala y de controlar los segmentos críticos de las cadenas de suministro.

Estados Unidos mantiene la ventaja en distintos ámbitos de investigación avanzada, diseño de semiconductores, computación, inteligencia artificial, sistemas aeroespaciales y tecnologías de uso dual. China ha aumentado sus competencias científicas, industrial y tecnológica, reduciendo brechas en varios sectores. Otros actores —entre ellos Japón, Corea del Sur, Taiwán y países europeos— ocupan posiciones importantes en etapas específicas de las cadenas tecnológicas.

Los semiconductores muestran con claridad esta distribución. Su cadena comprende diseño, maquinaria, materiales, fabricación, ensamblaje y empaquetado, con actividades repartidas entre empresas y países distintos. Ningún Estado controla todos los eslabones. Una cadena productiva puede estar geográficamente dispersa y, al mismo tiempo, depender de unos pocos nodos cuya sustitución sea difícil.

La inteligencia artificial presenta una estructura relacionada: su desarrollo depende de investigación, datos, talento, capital, energía, infraestructura computacional y acceso a chips avanzados. Por eso, el liderazgo tecnológico no puede medirse solo mediante patentes o publicaciones.

La capacidad de presión puede surgir de la posición que un actor ocupa en una etapa crítica, incluso si no controla toda la cadena. 

La distribución tecnológica es, por ello, fragmentada pero no necesariamente equilibrada: distintos actores concentran capacidades específicas y, a la vez, dependen de componentes o conocimientos que no controlan.


Dimensión energética

Recursos, infraestructura y rutas

La distribución de capacidades energéticas cambió la producción, el consumo, el transporte y el procesamiento de recursos. Estados Unidos se ha fortalecido como productor de hidrocarburos y exportador de gas natural licuado. Rusia sigue siendo un actor energético importante, aunque las sanciones y los cambios en sus mercados de exportación modificaron sus relaciones con Europa. China es un gran consumidor e importador, mientras que los países del Golfo mantienen un papel relevante en los mercados petroleros. India, por su parte, afronta una demanda energética creciente y busca diversificar sus fuentes y rutas.

La guerra en Ucrania mostró que la energía puede ser al mismo tiempo fuente de ingresos, instrumento de presión y vulnerabilidad estratégica. La reducción de la dependencia europea respecto del gas ruso no eliminó la dependencia externa: modificó proveedores, rutas, costos y necesidades de infraestructura.

Los minerales críticos ofrecen otro ejemplo. Su importancia depende no solo de las reservas disponibles, sino también de la extracción, el procesamiento, la tecnología, la infraestructura y el acceso a los mercados. En algunos casos, el control de las etapas de procesamiento puede ser tan relevante como la posesión del recurso natural.

Por consiguiente, el poder energético no puede evaluarse preguntando quién posee petróleo, gas o minerales. También hay que considerar quién produce, quién procesa, quién transporta, quién consume y quién controla la infraestructura necesaria para que los recursos lleguen al mercado.

Así, la energía reúne varios patrones: múltiples centros de producción y consumo, junto con concentraciones específicas en rutas, tecnologías e infraestructura. La dispersión de recursos puede coexistir con dependencias críticas.


Dimensión institucional y diplomática

Pluralidad sin desaparición de jerarquías

En el ámbito institucional y diplomático han aumentado las plataformas con las que diversos Estados buscan coordinarse, ampliar su capacidad de negociación o promover cambios en las instituciones existentes. BRICS, el G20, la Organización de Cooperación de Shanghái y otros mecanismos reflejan esa pluralidad.

La participación en una organización no significa alineamiento estratégico. Los Estados pueden pertenecer a varios espacios al mismo tiempo y utilizar cada uno para objetivos diferentes. India es un ejemplo: participa en mecanismos junto con China y Rusia y, a la vez, mantiene relaciones estratégicas con Estados Unidos, Japón, Australia y Europa. 

Esa estrategia no elimina sus rivalidades, muestra que la pertenencia institucional no determina un bloque geopolítico.

La pluralidad institucional tampoco supone que las estructuras existentes hayan perdido su relevancia. Estados Unidos conserva influencia financiera e institucional; la Unión Europea mantiene facultades económicas, regulatorias y normativas, y las alianzas occidentales siguen siendo mecanismos desarrollados de cooperación en seguridad.

La transformación no es reemplazar una plataforma institucional por otra de superposición de mecanismos de coordinación. 

Los Estados pueden formar coaliciones, establecer agendas, bloquear iniciativas y buscar alternativas institucionales, pero las capacidades para hacerlo siguen distribuidas de manera desigual.


Redistribución desigual y multidimensional

El examen de las seis dimensiones muestra que el poder internacional se ha redistribuido entre 2008 y 2026, pero no uniformemente.

En el ámbito militar persiste una concentración excepcional de capacidades en Estados Unidos, mientras otros actores han ampliado sus medios para disputar ventajas en escenarios específicos. 

En el ámbito nuclear, Estados Unidos y Rusia conservan los arsenales más grandes, aunque la expansión de China modifica la estructura estratégica. En la economía, China ha aumentado su peso productivo y comercial, mientras Estados Unidos retiene ventajas financieras e institucionales importantes. En tecnología, las potencialidades se distribuyen entre distintos nodos especializados y no coinciden plenamente con las fronteras nacionales. En energía, múltiples productores y consumidores se conectan mediante rutas e infraestructuras que generan dependencias. En el terreno institucional y diplomático hay más espacios de coordinación, pero las jerarquías no han desaparecido.

Estas tendencias impiden evaluar a los actores mediante una sola medida. Estados Unidos conserva una amplia combinación de capacidades, aunque enfrenta competencia y restricciones en determinados ámbitos. China ha ampliado su peso económico, tecnológico, industrial y militar sin alcanzar una equivalencia integral con Estados Unidos. Rusia posee potencialidad militar, nuclear y energética que excede su peso económico. India aumenta sus competencias y margen de autonomía, aunque aún depende de varios instrumentos de poder.

La redistribución también produce posiciones mixtas. Un Estado puede ser fuerte en un ámbito y vulnerable en otro. Puede disponer de recursos financieros y depender de determinados componentes o cadenas de suministro, poseer recursos naturales y carecer de la capacidad para procesarlos o conservar un arsenal nuclear de primer orden y afrontar restricciones económicas y tecnológicas.

La tendencia central del periodo no es un tránsito lineal desde la concentración hacia la dispersión. Es una transformación desigual: algunas capacidades permanecen concentradas, otras se desplazan y algunas se dividen entre actores que ocupan posiciones distintas dentro de redes productivas, energéticas, tecnológicas e institucionales.

Esta constatación permite formular una conclusión intermedia: el sistema internacional no parece una simple sustitución de la primacía estadounidense por una nueva jerarquía única. Presenta diferentes centros según la dimensión analizada. Esto no resuelve todavía qué categoría de polaridad explica mejor el conjunto. Para responder esa pregunta habrá que examinar cómo se combinan las capacidades, qué autonomía poseen los actores y hasta qué punto pueden condicionar las decisiones de terceros.

Por lo tanto, la redistribución del poder es una condición para explicar la transformación del orden internacional, pero no basta para determinar su polaridad. Precisamente, porque las competencias son disparejas, los capítulos siguientes analizarán su combinación en los principales actores y las relaciones que conectan sus posiciones en el tablero global.


Capítulos del ensayo Plurilateralidad asimétrica, cómo entender la nueva distribución del poder global.

1. Claves para entender el orden internacional global en transformación. 

2. Polaridad y dependencia: cómo leer la estructura global del poder. 

3. Redistribución desigual: seis dimensiones del poder entre 2008 y 2026.

4. El triángulo estratégico: Estados Unidos, China y Rusia en 2026.

5. India: ¿cuarto polo o potencia bisagra en el sistema global?

6. Tecnología, energía y cadenas: la nueva geopolítica del poder global.

7. Arquitectura de dependencia: poder, vulnerabilidad y autonomía en redes globales.

8. Oriente Medio: laboratorio regional de la plurilateralidad asimétrica.

9. Europa y América Latina: dependencias, autonomía y geometrías variables globales.

10. Unipolaridad, bipolaridad, tripolaridad, tetrapolaridad o multipolaridad: ¿qué lo explica mejor?

11. Un sistema sin centro único: conclusiones sobre el poder global.



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