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28 Mar
28Mar

Entre el deshielo y la extracción de recursos: el futuro de los pueblos Inuit, Sami y Nenets.

Actualización: 12-08-2026


El autogobierno sigue siendo el pilar de la lucha indígena. Groenlandia, hogar de 57 mil habitantes, de los cuales el 90% son inuit, amplió su autonomía en 2009 mediante un acuerdo con Dinamarca que le otorgó control sobre recursos naturales y políticas internas. El territorio canadiense de Nunavut, establecido en 1999, es referente de gobernanza que integra prácticas democráticas occidentales con tradiciones inuit.

Sin embargo, los datos recientes confirman que 20% de los territorios indígenas en el Ártico gozan de un nivel de autonomía similar, dejando a la mayoría en posición de desventaja frente a decisiones externas sobre sus tierras. A esto se suma que, en el ámbito internacional, los representantes indígenas ante el Consejo Ártico cuentan con voz pero sin voto para decidir, y solo Dinamarca y Noruega han ratificado el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que protege sus derechos sobre el territorio. 

Rusia, por su parte, no ha respaldado la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Pueblos Indígenas, lo que amplía las brechas de protección entre regiones.


La composición muestra el contraste entre la vida tradicional indígena (izquierda) y la creciente actividad industrial y de transporte (derecha) en el Ártico en transformación.

El peso de la extracción de recursos

La otra cara del desarrollo

La región ártica alberga el 13% de las reservas mundiales de petróleo y el 30% de las de gas natural, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos. Este potencial atrae inversiones cuantiosas; Rusia mantiene un ritmo elevado de inversión en infraestructura ártica, aunque la cooperación multilateral en el Consejo Ártico quedó prácticamente suspendida a partir de 2022, debilitando los mecanismos de diálogo que integraban a las comunidades originarias.

El conflicto en torno al Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico (ANWR) tiene una evolución significativa. La oposición indígena se ha manifestado de forma diversa: mientras la nación Gwich'in mantiene un rechazo frontal a cualquier perforación por el impacto sobre la manada de caribúes que sostiene su forma de vida, sectores de los iñupiat costeros han mostrado posturas divididas entre la protección ecosistémica y la búsqueda de desarrollo económico local. 

Tras vaivenes políticos, las subastas de concesiones tienen escaso interés comercial, aunque las presiones legislativas por abrir la zona persisten.

A este panorama se suma un nuevo frente extractivo: la demanda de minerales críticos. La transición energética mundial ha puesto el foco sobre tierras indígenas del Ártico como fuente de litio, tierras raras, cobre y metales necesarios para baterías, redes eléctricas y tecnología verde. Gobiernos y empresas presentan estos proyectos como "ecológicos" o de interés nacional, pero en numerosos casos se han emprendido sin el consentimiento libre, previo e informado de las comunidades afectadas. 

Los pueblos Sami, por ejemplo, enfrentan crecientes tensiones por proyectos de minería y parques eólicos que invaden tierras de pastoreo de renos. Este fenómeno ha sido descrito como "colonialismo verde": en nombre de la sostenibilidad global, se desplaza o perjudica a quienes mejor han cuidado esos ecosistemas.


Infografía que ilustra la importancia del Ártico en recursos energéticos y minerales críticos.

Justicia climática y voz internacional

Los pueblos indígenas son responsables de menos del 0.1% de las emisiones globales, pero soportan de forma desproporcionada los efectos del cambio climático. El calentamiento en la región ártica avanza al menos cuatro veces más rápido que el promedio mundial, y los informes más recientes advierten que el Ártico podría conocer veranos prácticamente libres de hielo marino antes de 2030, décadas antes de lo que se estimaba hace pocos años.

El deshielo del permafrost, que cubre cerca del 40% de los territorios árticos, debilita cimientos, libera gases de efecto invernadero y acelera la erosión costera que obliga a comunidades enteras a desplazarse. En este contexto, líderes indígenas continúan llevando su voz a foros internacionales; cada vez con mayor fuerza, exigen también el reconocimiento de su soberanía de datos: que las investigaciones científicas realizadas en sus territorios se hagan con su participación y respeto a su conocimiento tradicional.


La amenaza del deshielo al patrimonio cultural

El derretimiento del hielo y del permafrost está destruyendo sitios arqueológicos y culturales a ritmo acelerado. En Siberia, los restos y reliquias preservadas durante siglos están quedando expuestos a la degradación irreversible. En otras zonas costeras, lugares sagrados y vestigios de asentamientos ancestrales se desmoronan ante la erosión marina. 

Se trata de una pérdida que no se limita a objetos o sitios: el patrimonio inmaterial, los conocimientos ligados a estaciones, rutas y formaciones que desaparecen o cambian, se pierde también sin posibilidad de recuperación, debilitando las raíces e identidad de los pueblos originarios.


La ola extractiva 

Los pueblos indígenas del Ártico no solo enfrentan los desafíos de la modernidad y la explotación de combustibles fósiles, sino también las presiones de una nueva ola extractiva amparada en la transición energética y la indiferencia de un mundo que rara vez reconoce su papel como guardianes del medio ambiente. Su lucha por la autodeterminación, la justicia climática y la protección de su herencia cultural destaca la urgencia de un enfoque inclusivo y respetuoso en todas las políticas que afecten la región.

En un momento en que el Ártico se convierte en un tablero geopolítico cada vez más disputado, con rutas marítimas que se abren antes de lo previsto y potencias extra regionales que buscan influencia, la voz de quienes lo han habitado por milenios debe ser parte integral de las decisiones que definirán el futuro de la región y, en última instancia, del planeta. No hay solución justa ni duradera sin su consentimiento, conocimiento y soberanía.


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Metodología y transparencia

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