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01 Oct
01Oct

El de-risking busca diversificar las cadenas estratégicas y preservar la capacidad europea de decisión sin aislarse del comercio global.


Geoeconomía

La dependencia económica puede convertirse en poder cuando se concentra en sectores críticos. Europa enfrenta el desafío de reducir vulnerabilidades frente a China sin romper las interdependencias que sostienen prosperidad. La respuesta pasa por diversificar proveedores, fortalecer capacidades propias, invertir en tecnología, crear reservas y construir alianzas para preservar opciones estratégicas.


Imagen conceptual y metafórica que presenta al globo terráqueo atado entre potencias y estrategia.

Europa necesita reducir dependencias críticas sin renunciar a China

La evidencia disponible conduce a una conclusión intermedia. Europa no necesita convertirse en una economía autosuficiente. Necesita identificar sus dependencias críticas y construir alternativas suficientes. Esto implica cinco líneas de acción.

Diversificar. No sustituir a China por un único proveedor, sino construir redes múltiples.

Fortalecer capacidades propias. Especialmente en sectores en los que la pérdida de capacidad industrial tendría consecuencias sistémicas.

Invertir en tecnología. La dependencia tecnológica puede ser más difícil de eliminar que una de tipo comercial.

Crear reservas y mecanismos de respuesta. Las reservas estratégicas no sustituyen la diversificación, pero pueden proporcionar tiempo durante una crisis. La International Energy Agency considera los almacenes de alguna herramienta útil como amortiguador temporal frente a interrupciones.⁷

Construir alianzas. La diversificación necesita socios. América Latina, África, India, Australia, Japón, Corea del Sur, Canadá y otros actores pueden desempeñar papeles distintos en cadenas alternativas. 

Por lo tanto, la estrategia no consiste en aislarse, sino en multiplicar las opciones.


Coda geopolítica

La dependencia europea de China no puede comprenderse observando el déficit comercial o el volumen de las importaciones. La cuestión geopolítica radica en la estructura de las cadenas de valor; es decir en el control de los recursos, el procesamiento de las materias primas, la fabricación de componentes esenciales y sustitución rápidamente de los mismos. 

La evidencia muestra que China ocupa una posición central en numerosas cadenas estratégicas en tecnologías limpias, baterías y procesamiento de minerales críticos.⁵ ⁷ 

La Organisation for Economic Co-operation and Development (OCDE) ubica a China como un importante punto de estrangulamiento dentro de las cadenas globales de valor.² Esto confirma una parte esencial de nuestra hipótesis; que determinadas dependencias económicas europeas pueden convertirse en vulnerabilidades geopolíticas cuando coinciden en concentración, importancia estratégica y baja capacidad de sustitución. 

Pero la evidencia también obliga a hacer una revisión más. Europa y China mantienen una relación de interdependencia, mientras ésta también depende de las economías desarrolladas en distintos sectores.⁴ La existencia de una dependencia europea no significa, por sí misma, que China pueda utilizarla con éxito para imponer decisiones políticas. 

La dependencia proporciona capacidad potencial, no una coerción automática.

La globalización creó redes extraordinariamente eficientes, pero también generaron nodos centrales y puntos de estrangulamiento. Farrell y Newman demostraron que, cuando determinados actores ocupan posiciones centrales en las redes; la interdependencia puede convertirse en una fuente de poder.⁶ Actualmente, China constituye uno de los casos más importantes para estudiar este fenómeno.

La respuesta europea no puede consistir en eliminar la interdependencia. La economía europea es demasiado abierta y las cadenas de producción muy complejas para aspirar a la autosuficiencia. 

La OCDE indica que la relocalización generalizada tendría costes económicos elevados y no garantizaría necesariamente mayor resiliencia.¹⁴ La alternativa es el de-risking estratégico. No se trata de abandonar a China, sino de evitar que China o cualquier otro actor se convierta en proveedor insustituible para la economía, la tecnología o la estratégica europea. 


La ilustración explica cómo la autonomía estratégica significa poder elegir entre comercio, seguridad, apertura y aislamiento.

La cuestión de fondo no es si Europa debe elegir entre China y Occidente, entre apertura y aislamiento o entre comercio y seguridad. El desafío consiste en construir una Europa suficientemente industrial, tecnológica, financiera y políticamente resiliente que pueda comerciar con China sin depender de ella hasta el punto de perder su capacidad de decisión.

Ese es, en última instancia, el significado estratégico del de-risking: no romper las interdependencias que sostienen la prosperidad europea, sino impedir que una dependencia crítica se convierta en una limitación de soberanía y decisiones.


Análisis completo:

0. Interdependencia y poder: China, Europa y los desafíos estratégicos actuales.

I. Cadenas globales: vulnerabilidad, poder e interdependencia económica mundial.

II. Materias primas: la dependencia oculta que condiciona el futuro europeo.

III. ¿China depende de Europa o cambia el equilibrio económico?

IV. La dimensión estadounidense: reducir una dependencia sin crear otra.

V. Hacia una autonomía estratégica basada en resiliencia.



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