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02 May
02May

Cuando el portaaviones Ford regresó a casa, Washington declaró concluida la fase aguda del conflicto; cuatro meses después, el estrecho sostiene lo contrario.


Actualización: 02-09-2026

Opinión


El 2 de mayo, el regreso del USS Gerald R. Ford a Norfolk se leyó, en esta columna, como el primer gesto de la administración Trump que buscaba congelar la guerra con Irán antes de que el calendario electoral la convirtiera en pasivo

Cien días después, esa lectura exige corrección: el estrecho de Ormuz vuelve a arder, Washington reconoce el agotamiento de su arsenal antimisiles y Teherán negocia con Omán una salida que Estados Unidos no controla.


Portaaviones cruzando un estrecho por algún lugar del mundo, durante un atardecer. Representa la maquinaria estadounidense desplazándose en el marco del conflicto EEUU-Irán.

El espejismo del repliegue

La tesis de mayo sostenía que el retorno del Ford institucionalizaba el desgaste: una tregua parcial gestionada con vistas a una "victoria de octubre". 

La secuencia real fue distinta. El respiro post 7 de abril nunca se consolidó en armisticio y hacia el verano boreal Irán reanudó las hostilidades marítimas, exigiendo autorización previa a los buques que cruzan el estrecho y abriendo fuego contra quienes utilizaban el corredor respaldado por Washington bajo control omaní. Esto obligó a Estados Unidos a reanudar los ataques contra territorio iraní. 

La escalada llegó a inicios de septiembre, cuando la Marina estadounidense golpeó de nuevo objetivos iraníes en Ormuz tras el ataque a dos petroleros, con Trump amenazando una respuesta "significativamente mayor" ante cualquier represalia y una fuente militar iraní advirtiendo que la réplica de Teherán sería "muchas veces mayor". 

Lo que en mayo se presentaba como convalecencia operativa es, en septiembre, una guerra activa que ninguna de las dos partes ha logrado clausurar.


El muro de acero que nadie confirma

Desde entonces, el giro retórico de la Casa Blanca ha sido notable. A mediados de agosto, Trump declaró que tenía el "control total" del estrecho, calificando el bloqueo naval estadounidense como "muro de acero". 

La cartografía del tráfico marítimo no acompaña la metáfora: el paso por Ormuz seguía siendo escaso, con la Agencia Internacional de Energía advirtiendo que las reservas mundiales de crudo se agotaban con rapidez. 

El canciller iraní Abbas Araghchi respondió que "peor que las noticias falsas, es la información falsa", mientras el jefe de las fuerzas Basij afirmaba que el estrecho permanece "bajo la gestión y control de la República Islámica". 

El desacuerdo no es semántico: define quién fija el precio del barril y quién carga con el costo político del cierre.


El costo oculto

La variable que el análisis de mayo no podía anticipar es el desgaste del propio aparato militar estadounidense. Según reportes citados por CNN, el Ejército ha consumido casi el 80% de sus interceptores para el sistema antimisiles THAAD y altos mandos describen las reservas de munición del Pentágono como "peligrosamente bajas". 

A ello se suma la apertura de un segundo frente marítimo: los hutíes, alineados con Irán, declararon el bloqueo del estrecho de Bab el-Mandeb y sumaron las primeras muertes vinculadas a ataques contra buques en esa vía. La ecuación de "tres portaaviones sostenidos hasta noviembre" que planteaba el artículo original ya no describe el problema central; el problema es si el arsenal defensivo estadounidense resiste una guerra de attrición en dos estrechos simultáneamente.


La salida diplomática

El elemento más significativo de las últimas semanas es diplomático. Teherán y Mascate negocian una ruta alternativa de tránsito por Ormuz, con un texto conjunto que abordaría aspectos técnicos, legales, de seguridad y medioambientales.

Un alto funcionario del Golfo estimó a mediados de agosto una probabilidad "50-50" de que Irán y Omán cierren el acuerdo. Pero la condición iraní es la misma que en mayo: la reapertura queda supeditada al fin del bloqueo naval estadounidense a los puertos del país. Es, en esencia, el mismo punto muerto que describía el editorial original, solo que ahora mediado por un tercer actor, Omán, que Washington no puede desplazar del tablero.


El precio en el surtidor y en las urnas

Las cifras concretas del artículo de mayo también han quedado desactualizadas, no en la dirección que la narrativa de "victoria de octubre" hubiera preferido. El Brent, que en mayo se citaba en 126 dólares, hoy cotiza en torno a los 95-96 dólares por barril, aunque en máximos de casi seis semanas por los nuevos ataques en Ormuz y por el recorte de casi el 10% de la capacidad global de refino, con Rusia operando cerca de mínimos plurianuales. 

La gasolina promedio estadounidense cerró agosto en 4.07 dólares por galón, con ese mes camino a convertirse en el más caro registrado. El dato relevante no es que el conflicto haya encarecido más el barril —de hecho, se ha moderado frente al pico de mayo—, sino que la escalada de septiembre revierte la tendencia a la baja justo cuando el relato de "control total" necesitaba sostenerse. 

A dos meses de las elecciones de medio término, ya no hay margen para la ambigüedad calculada que describía el artículo original: cada nuevo ataque en Ormuz es, simultáneamente, un titular de política exterior y un dato de encuesta.


Lo que agosto y septiembre demuestran

El error de previsión de mayo no fue de diagnóstico, sino de plazo: preveía la institucionalización del desgaste como un estado estable capaz de sostenerse hasta noviembre. Lo que agosto y septiembre demuestran es que ese equilibrio nunca fue estable; era, a lo sumo, una pausa táctica que ambas partes usaron para rearmar posiciones —militares en el caso de Irán, retóricas en el caso de Washington— antes de la reanudación. 

El estrecho de Ormuz, cerrado de facto desde el 28 de febrero, sigue siendo la variable que traduce la geopolítica de Oriente Medio en política doméstica estadounidense. La diferencia, cuatro meses después del regreso del Ford, es que ya no hay portaaviones insignia esperando en el astillero para simbolizar el cierre del capítulo. Los tres grupos de ataque —Lincoln, Bush y un nuevo relevo ya anunciado para reemplazar al primero— permanecen desplegados, y la guerra que se declaró "terminada" en mayo vuelve a fijar, con nueva urgencia, el precio del galón y el destino de noviembre.



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