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03 Apr
03Apr

Aunque las operaciones Epic Fury y Roaring Lion han degradado capacidades militares iraníes, el conflicto revela que la fuerza militar ya no basta para imponer un nuevo orden en un mundo multipolar.


Ensayo

A más de un mes del inicio de los bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel sobre Irán, el 28 de febrero de 2026, la guerra no ha producido el cambio de régimen esperado ni la victoria rápida anunciada 1

En su lugar, ha surgido un desgaste regional que eleva los precios del petróleo, erosiona la credibilidad occidental y acelera el realineamiento de potencias como China y Rusia.


Mapa vectorial minimalista del Oriente Medio con Irán en el centro, el Estrecho de Ormuz resaltado y símbolos abstractos de Estados Unidos e Israel conectados por líneas de tensión. Representación seria y simbólica de la guerra de 2026 y el equilibrio de poder multipolar.

Introducción

El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron una campaña aérea masiva contra Irán, conocida como Operación Epic Fury (EE.UU.) y Roaring Lion (Israel). 

Los ataques iniciales alcanzaron instalaciones nucleares, misilísticas y de mando, y resultaron en la muerte del líder supremo Alí Jamenei y otros altos funcionarios. 

Irán respondió con oleadas de misiles y drones, ataques a bases estadounidenses en la región y un control parcial sobre el Estrecho de Ormuz, que amenaza el suministro global de petróleo. 

A fecha de abril de 2026, el conflicto entra en su sexta semana sin un final claro, con Trump afirmando que los objetivos están “cerca de completarse” mientras Irán mantiene capacidad de represalia 2.


Tesis central

La guerra de 2026 contra Irán marca el punto de inflexión definitivo de la era unipolar: aunque Estados Unidos e Israel demuestran superioridad técnica y logran golpes tácticos significativos, el uso unilateral de la fuerza militar ya no garantiza cambio de régimen ni estabilidad estratégica. 

Por el contrario, acelera la transición hacia un orden multipolar donde la geoeconomía, las alianzas asimétricas y la resiliencia de los actores revisionistas limitan severamente el alcance del poder hard estadounidense.


Resistencia iraní expone límites del transactionalismo

La campaña inicial mostró la capacidad destructiva de la coalición: cientos de objetivos fueron alcanzados en las primeras horas, degradando defensas aéreas, plantas de misiles y complejos nucleares. 

Sin embargo, Irán no colapsó. El nuevo liderazgo bajo Mojtaba Jamenei mantuvo la cohesión interna y convirtió su inferioridad convencional en ventaja asimétrica, movilizando proxies y lanzando contraataques que han derribado aviones estadounidenses y elevado el costo económico global.

El Estrecho de Ormuz se convirtió en el verdadero centro de gravedad. 

Al amenazar con interrumpir el flujo de petróleo, Irán demostró que un actor regional puede chantajear económicamente a las grandes potencias, afectando más a Europa y Asia que a los propios agresores. 

Esta dinámica conecta directamente con la multipolaridad: China y Rusia han criticado los ataques como “no provocados”, propuesto planes de paz y fortalecido sus lazos con Teherán, ganando influencia diplomática mientras Occidente se desgasta.

El transactionalismo 3 de la doctrina Trump —fuerza máxima para negociar desde posición de ventaja— funcionó en la fase inicial, pero enfrenta límites en la fase de consolidación. No ha surgido un régimen prooccidental en Teherán; en cambio, Irán herido profundiza su integración en el eje revisionista. 

Ejemplos concretos abundan: la muerte de Jamenei no provocó un levantamiento popular, sino una narrativa de resistencia nacional, y los ataques a infraestructuras energéticas han generado inflación mundial sin lograr la rendición iraní.


Análisis prospectivo

En las próximas semanas, el conflicto podría evolucionar hacia un desgaste prolongado o una negociación forzada. 

Si Estados Unidos intensifica los bombardeos sobre instalaciones energéticas, como ha amenazado Trump, el riesgo de escalada regional —incluyendo mayor involucramiento de los hutíes o Hezbolá— aumentará, junto con disrupciones en los mercados energéticos que golpearán economías emergentes como México.

A mediano plazo, esta guerra probablemente acelere la diversificación energética global, el fortalecimiento de alternativas al dólar en el comercio petrolero y el debilitamiento de la influencia estadounidense en el Sur Global. 

China podría emerger como mediador clave, consolidando su rol en Oriente Medio, mientras Rusia aprovecha para distraer atención de Ucrania. 

El verdadero riesgo no es solo militar, sino estratégico: cada “victoria” táctica sin legitimidad ni visión compartida puede traducirse en mayor aislamiento relativo de Occidente.


Conclusión

Lejos de restaurar la hegemonía, la guerra de 2026 contra Irán la expone. 

Revela que en el siglo XXI el poder se mide menos por la capacidad de destruir y más por la habilidad de gestionar interdependencias y construir alianzas sostenibles. 

Estados Unidos e Israel han ganado batallas, pero están perdiendo la guerra por la influencia estructural. 

Este conflicto obliga a repensar la estrategia occidental: la fuerza sin diplomacia inteligente y visión geoeconómica solo acelera el ascenso de un orden multipolar donde los límites del poder unipolar se hacen evidentes. 

La historia no se repite, pero en 2026 rima con lecciones dolorosas de 2003 y 1979.

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