América Latina entre hegemonía y multipolaridad.
Actualización: 16-04-2026
El término “patio trasero” ha sido utilizado históricamente para describir la influencia de Estados Unidos en América Latina.
Desde el siglo XX, Washington consolidó su dominio mediante inversiones, control financiero y apoyo a golpes de Estado que instalaron regímenes militares afines.
Ejemplos incluyen Chile en 1973, Brasil en 1964 y Argentina en 1976, donde la intervención estadounidense fue decisiva para desplazar gobiernos de izquierda.
En el presente, la región enfrenta un nuevo escenario marcado por la creciente presencia de China.
Beijing ha intensificado su papel como socio comercial y financiero, invirtiendo en infraestructura, minería y telecomunicaciones.
Además, ha desplegado estrategias de “guerra política” que buscan aislar diplomáticamente a Taiwán y desafiar la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental (Foreign Policy Research Institute).
Estados Unidos, bajo la administración Biden, respondió con medidas para contener la influencia china, incluyendo restricciones tecnológicas y el fortalecimiento de alianzas regionales.
Sin embargo, la inestabilidad política en países como Perú ha facilitado la expansión china en sectores estratégicos, complicando los objetivos de Washington (Atlantic Council).
La narrativa estadounidense de defensa de la democracia y los derechos humanos ha sido cuestionada, pues en múltiples ocasiones ha servido como justificación para sanciones o intervenciones militares.
En contraste, China ofrece alternativas económicas que diversifican las opciones de cooperación para los países latinoamericanos.
En conclusión, América Latina ya no puede ser entendida únicamente como el “patio trasero” de Estados Unidos.
La región se encuentra en un proceso de redefinición estratégica, donde la multipolaridad y la competencia entre superpotencias generan tanto riesgos como oportunidades.