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07 Apr
07Apr

Tres potencias emergentes redefinen el equilibrio global con narrativas distintas sobre la multipolaridad.


En el tablero geopolítico contemporáneo, la idea de un mundo multipolar se ha convertido en un eje narrativo compartido por tres potencias clave: Rusia, China e India. 

Sin embargo, aunque el discurso parece coincidir en la superficie —rechazo a las hegemonías y defensa de la igualdad entre Estados—, cada líder lo articula desde intereses nacionales muy distintos.


Caricatura política de Putin, Xi Jinping y Modi sobre un balancín “Mundo Multipolar”, mientras el “Viejo Orden” se derrumba bajo ellos con humor irónico y crítica global.

Putin, en su visita a Beijing en septiembre de 2025, fue categórico: el mundo multipolar no debe reproducir hegemonías disfrazadas 1.

Reconoció la fuerza económica de gigantes como India y China, pero subrayó que la política y la seguridad global no pueden quedar bajo el dominio de nadie. 

Su mensaje es claro: Rusia busca legitimidad y equilibrio frente a las sanciones y presiones occidentales, proyectando la multipolaridad como un escudo contra el unipolarismo estadounidense.

Xi Jinping, por su parte, ha convertido la multipolaridad en un relato de resistencia frente a la “hegemonía occidental”. 

En foros como la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), insiste en avanzar hacia un orden “igual y ordenado”, donde China se presenta no solo como defensor de la equidad, sino como arquitecto de un nuevo sistema internacional. 

Su narrativa multipolar está impregnada de liderazgo: más que igualdad, busca consolidar a China como el centro de gravedad de ese nuevo equilibrio.

Narendra Modi, en cambio, adopta un tono más pragmático. 

Para India, la multipolaridad es una oportunidad de afirmarse como potencia autónoma, sin quedar atrapada en la órbita de Washington, Moscú o Beijing. 

En los encuentros de BRICS y OCS, Modi recalca que estas plataformas son esenciales para dar forma al nuevo orden, pero lo hace desde la lógica de un árbitro que quiere maximizar su margen de maniobra 2

India se proyecta como un actor que equilibra, más que como uno que lidera.

La convergencia de estos discursos revela un mundo en transición: el rechazo al unipolarismo estadounidense 3 es el punto común, pero las motivaciones divergen. 

Rusia busca supervivencia y reconocimiento, China aspira a hegemonía disfrazada de igualdad, e India quiere autonomía estratégica. 

El resultado es un escenario fragmentado, donde la multipolaridad no significa armonía, sino competencia entre narrativas y centros de poder.

En síntesis, el concepto de multipolaridad funciona como un lenguaje compartido que legitima la redistribución del poder global, pero detrás de esa palabra se esconden proyectos nacionales que, lejos de eliminar hegemonías, podrían dar lugar a nuevas formas de dominación.


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