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20 May
20May

Nueve meses después, la paz de Trump no llegó a Ormuz y China revisa su dependencia energética de Rusia.

En mayo de 2026, la Doctrina del Centro describía a Xi Jinping como el fiel de una balanza entre Washington y Moscú. Tres meses de guerra abierta en el estrecho de Ormuz y un memorando de paz aún sin aplicar obligan a revisar esa lectura: el centro sigue siendo chino, pero el tablero cambió.

Actualización: 19-08-2026


Xi, Trump y Putin en tensión geopolítica: poder, rivalidad y estrategia en el tablero mundial del siglo XXI.

De la promesa de paz a la guerra abierta

El optimismo de mayo —un acuerdo inminente que reabriría Ormuz y hundiría el precio del crudo— se derrumbó semanas después. En marzo, Estados Unidos destruyó dieciséis buques minadores iraníes cerca del estrecho y Trump advirtió que las consecuencias militares para Teherán serían "de un nivel nunca antes visto". 

La presión estadounidense escaló exigiendo la reapertura inmediata del estrecho de Ormuz bajo amenaza de ataques a la infraestructura eléctrica iraní, un ultimátum reiterado con la advertencia de que Irán sería destruida totalmente y emplazamientos que evidenciaban tanto la determinación estadounidense como la resistencia iraní a ceder bajo presión pública.

A comienzos de abril, la escalada verbal alcanzó su punto máximo cuando Trump advirtió que Irán podría ser aniquilado en una noche. La distensión llegó el 7 de abril, con un alto el fuego de dos semanas negociado gracias a la mediación de Pakistán, condicionado a la apertura completa, inmediata y segura del estrecho. Ese episodio es el punto de partida obligado para entender la región.


El memorando de junio y el limbo de agosto

El 17 de junio se firmó un memorando de paz entre Irán y Estados Unidos con un plazo de sesenta días para su implementación. Ese plazo venció esta semana sin resolución definitiva. Lejos de la narrativa de una "Paz de Trump" ya consumada, las negociaciones actuales no son siquiera bilaterales: Irán mantiene el control operativo de Ormuz desde el estallido del conflicto en febrero y dialoga con Omán —no directamente con Washington— sobre la administración del paso. 

La delegación iraní, además, no incluye representación del ala dura de la Guardia Revolucionaria Islámica, cuyo visto bueno resulta indispensable para cualquier acuerdo final.

El propio Trump ha oscilado entre el optimismo declarativo y la amenaza directa, llegando a advertir con bombardear a Omán mientras ese país intentaba mediar. La normalización que el análisis de mayo daba por probable sigue, en la práctica, pendiente.


El crudo no se desplomó

Revisión de la prima de riesgo

La premisa de que el rumor de acuerdo bastaría para "descontar la guerra" tampoco resistió el paso del tiempo. A mediados de agosto, el crudo acumulaba una ganancia semanal cercana al 6%, impulsada precisamente por el riesgo de suministro en Ormuz, no por su disipación. La volatilidad del estrecho continúa siendo el principal factor de prima de riesgo del mercado energético global, en contraste con el escenario de caída sostenida que se proyectaba en mayo.


China recalibra

Del descuento de amistad a la autonomía estratégica

El elemento más revelador de estos meses no es geopolítico sino estructural: China demostró que ya no está obligada a comprar petróleo "en cualquier momento y a cualquier precio". La combinación de inventarios abundantes, producción doméstica en máximos históricos y una electrificación del transporte que ha llevado a que aproximadamente la mitad de los vehículos vendidos en el país sean eléctricos o híbridos enchufables, permitió a Pekín absorber la crisis de Ormuz sin depender de compras urgentes. 

Riad respondió a esa nueva capacidad de negociación con el mayor recorte mensual de precios para Asia registrado en más de dos décadas.

Este dato subraya, sin invalidar, la tesis del "descuento de amistad" ruso. China conserva el vínculo energético con Moscú como cobertura estratégica, pero ya no opera desde la necesidad, sino desde la opcionalidad.


Infografía sobre el comercio entre Rusia y China. Una dependencia en revisión que favorece a Rusia.

Rusia-China

Comercio en alza, dependencia en revisión

El componente comercial de la relación sigue siendo sólido. Las exportaciones rusas de petróleo a China crecieron 35% interanual en el primer trimestre de 2026, y el comercio bilateral bruto avanzó cerca de un 15% en el mismo período, con Moscú registrando un saldo favorable gracias al peso de sus exportaciones energéticas. Ambos gobiernos continúan avanzando en proyectos de infraestructura a largo plazo, entre ellos el gasoducto Siberia 2, concebido como garantía de suministro terrestre frente a cualquier cierre del estrecho.

Con relación al mes de mayo, hoy la diferencia no está en la solidez del vínculo bilateral, sino en su función dentro del cálculo chino: 

de "activo estratégico de bajo costo" indispensable, Rusia pasa a ser una de varias opciones dentro de una cartera energética que Pekín gestiona con mayor margen de maniobra.


Europa, un año después

La brecha entre diagnóstico y reacción

El diagnóstico sobre Europa como "territorio administrado" —ajeno a las decisiones que Washington, Moscú y Pekín negocian entre sí— se mantiene vigente y no ha sido contradicho por los hechos posteriores. La guerra en Ormuz, lejos de forzar una respuesta europea coordinada, confirmó la dependencia estructural del continente respecto a decisiones tomadas en otras capitales. El rearme alemán proyectado para 2029 sigue siendo, en este contexto, una reacción tardía frente a un reparto de influencia que ya estaba en marcha antes de que la guerra alterara sus condiciones concretas.


La Doctrina del Centro

Puesta a prueba

El marco conceptual original —Pekín como fiel de la balanza entre la vía americana y la rusa— resiste el escrutinio de los hechos, pero requiere una lectura más precisa. 

China no solo se beneficia de la ambivalencia entre Trump y Putin; ha adquirido, en el proceso, una autonomía de negociación frente a ambos que no tenía en mayo. 

La guerra no resuelta en Ormuz, lejos de forzar a Pekín a elegir bando, terminó demostrando que China puede sostener su posición central incluso cuando ninguna de las dos potencias cumple sus plazos ni sus promesas.

La pregunta: ¿quién calibra el caos? sigue vigente. La respuesta, tres meses después, es: quien calibra el caos es el que puede permitirse esperar. Y esa es hoy, la ventaja de Pekín.


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El Estrecho como espejo: Trump, Xi y la pausa de Ormuz

El estrecho donde se prueba el nuevo orden mundial



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