Leo y Opino | El estrecho que puede cambiar el mundo

La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán y la crisis del Estrecho de Ormuz


1. Apertura estratégica

Hay lugares en el planeta donde la geografía pesa más que la diplomacia.

Uno de ellos es el Estrecho de Ormuz.

Esta semana, el mundo volvió a mirar ese paso marítimo de apenas unos kilómetros de ancho, donde se cruzan las ambiciones estratégicas de Estados Unidos, Israel e Irán. Lo que comenzó con una ofensiva militar coordinada contra instalaciones iraníes se ha transformado en una crisis que amenaza con alterar el equilibrio energético global.

Pero la pregunta de fondo no es si la guerra se expandirá en Oriente Medio.

La verdadera cuestión es otra: ¿estamos ante el momento en que la geopolítica del petróleo vuelve a dictar el destino de la economía mundial?


Imagen que presenta la primera publicación de la columna Leo y Opino. Tiene como fondo el conflicto en Oriente Medio y el Estrecho de Ormuz.

La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán y la crisis del Estrecho de Ormuz


2. El hecho de la semana

El pasado 28 de febrero de 2026, fuerzas militares de Estados Unidos e Israel lanzaron una operación coordinada contra objetivos estratégicos en Irán, incluyendo instalaciones militares, centros de mando y estructuras vinculadas al programa nuclear iraní. La operación, conocida como Operation Lion’s Roar, marcó una de las acciones militares más significativas en la región en décadas. 

La respuesta iraní no tardó en llegar. Misiles y drones fueron lanzados contra posiciones israelíes y bases estadounidenses en distintos puntos del Golfo Pérsico, mientras la Guardia Revolucionaria iraní advertía que el tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz podría verse restringido. 

El resultado inmediato ha sido una perturbación del comercio marítimo y de los mercados energéticos. El estrecho, por el que transita alrededor de una quinta parte del petróleo mundial, se ha convertido nuevamente en un punto crítico de tensión global.

Incluso una interrupción parcial del tránsito marítimo en esta zona puede desencadenar un efecto dominó en la economía mundial, desde aumentos en el precio del petróleo hasta presiones inflacionarias en múltiples regiones del planeta.


3. La lectura geopolítica

Para comprender esta crisis es necesario ir más allá del intercambio de ataques.

En realidad, el enfrentamiento actual es la manifestación de tres estrategias geopolíticas que convergen en un mismo espacio.

Para Estados Unidos, el Golfo Pérsico sigue siendo una pieza fundamental del sistema energético internacional que sostiene la estabilidad económica global y, por extensión, el orden estratégico liderado por Washington.

Para Israel, Irán representa el principal desafío existencial en su entorno estratégico. El desarrollo de capacidades nucleares y de misiles por parte de Teherán ha sido percibido por Tel Aviv como una amenaza que no puede ser tolerada.

Para Irán, en cambio, el Estrecho de Ormuz es su mayor carta geopolítica.

Es el punto donde la geografía le permite compensar su inferioridad militar frente a Estados Unidos y sus aliados.

Controlar o amenazar ese paso marítimo significa poseer una palanca estratégica capaz de sacudir la economía mundial.

En otras palabras:


Irán no necesita derrotar militarmente a sus adversarios; le basta con convertir el Golfo Pérsico en un espacio ingobernable para el comercio energético.


4. El contexto estructural

Lo que estamos viendo no es simplemente una nueva crisis en Oriente Medio.

Es parte de un fenómeno más amplio: el retorno de los cuellos de botella geopolíticos.

Durante décadas, el mundo globalizado funcionó bajo la premisa de que las rutas comerciales permanecerían abiertas. Sin embargo, la realidad del siglo XXI está demostrando lo contrario.

Desde el Mar Rojo hasta el Mar de China Meridional, los corredores estratégicos se están transformando nuevamente en espacios de confrontación entre potencias.

El Estrecho de Ormuz es el ejemplo más evidente de este cambio.

Si ese paso se vuelve inestable, no solo se alteran los flujos energéticos del Golfo. También se modifican las dinámicas de poder entre Asia, Europa y Estados Unidos.

La globalización depende de rutas marítimas seguras.


Cuando esas rutas se convierten en campos de batalla, la economía mundial entra inevitablemente en territorio geopolítico.


5. Lo que viene

En las próximas semanas pueden desarrollarse tres escenarios.

El primero es un escenario de contención, donde las potencias regionales y globales buscan evitar una guerra abierta mientras mantienen la presión militar.

El segundo es un escenario de escalada regional, con ataques indirectos a través de milicias y aliados en distintos puntos de Oriente Medio.

El tercero, menos probable pero mucho más peligroso, es el de una guerra abierta en el Golfo Pérsico, donde el control del Estrecho de Ormuz se convertiría en el objetivo central de las operaciones militares.

En cualquiera de los casos, el impacto económico y geopolítico será inevitable.


6. Conclusión

El Estrecho de Ormuz no es solo un paso marítimo.

Es un recordatorio de que la geografía sigue siendo el árbitro silencioso de la política internacional.

En una época marcada por la tecnología, las finanzas globales y las redes digitales, el poder sigue dependiendo de factores tan antiguos como el control de rutas, recursos y territorios estratégicos.

Por eso, lo que ocurre hoy en ese estrecho entre Irán y la península arábiga no es una crisis regional más.

Es una señal de algo más profundo:

la geopolítica ha regresado al centro del sistema internacional, y esta vez lo hace navegando sobre petroleros.


Leonardo Gargallo

Analista Geopolítico