Soberanía, medio ambiente y competencia estratégica en el Pacífico
24-05-2026
El caso Don Diego revela cómo el fondo oceánico se ha convertido en un nuevo escenario de disputa estratégica global, donde la geopolítica, la tecnología y las relaciones internacionales definen el rumbo de los acontecimientos; como se explica en porqué México no será el Estado 51.
La disputa entre México y la empresa estadounidense Odyssey Marine Exploration por la minería submarina expone el dilema central:
El conflicto, Don Diego, no es solo teórico: en septiembre de 2024, el CIADI condenó a México a pagar 37.1 millones USD por haber negado permisos y en abril de 2023 el país aprobó una reforma legal que prohíbe esta actividad en todas sus aguas.
Así, el problema se transformó: de una disputa administrativa pasó a un choque entre derecho interno, compromisos comerciales y orden internacional.
Es, en esencia, un nodo estratégico dentro de la pugna mundial por recursos que definen competitividad, desarrollo y el futuro de la industria global. Una nueva fiebre del oro por minerales críticos entre una batalla por el poder global.
El arbitraje confirma la tensión estructural: leyes ambientales vs. tratados de inversión como el T-MEC. Pero hoy se suma una nueva dimensión:
Estados Unidos empezó a actuar unilateralmente -órdenes ejecutivas de 2025–2026- para autorizar minería en zonas internacionales, como la Clarion-Clipperton, muy cerca de aguas mexicanas, saltándose a la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA) y reconfigurando las Relaciones Internacionales en la región.
Esta disputa se inserta en una carrera donde Estados Unidos y China lideran la competencia por el control de suministros, con el Pacífico como eje principal.
China avanza dentro del marco multilateral, mientras EE.UU. rompe con él para asegurar recursos que son el corazón de la nueva Tecnología de baterías, energías renovables y sistemas de defensa.
La legislación mexicana y los llamados internacionales a moratoria reflejan la voluntad de protección, pero también muestran una fragilidad mayor:
Para América Latina, esto representa una amenaza y una oportunidad: definir si la región protege sus bienes comunes o se convierte en proveedora de materias primas sin control.
Demanda global de minerales críticos: cobalto, níquel, manganeso, cobre y fosfato son insumos irremplazables. Su demanda se duplicará para 2035, base de toda la transición energética y la economía digital.
Presión corporativa y comercial: empresas como Odyssey y TMC utilizan tratados y tribunales internacionales para reclamar derechos, incluso frente a prohibiciones locales.
Defensa ambiental y social: comunidades pesqueras, científicos y organizaciones alertan que la minería destruye ecosistemas que generan oxígeno, almacenan carbono y sostienen biodiversidad única, sin posibilidad de recuperación.
EE.UU. vs. China: competencia total -ahora con acciones unilaterales de Washington- por controlar zonas clave como la Clarion-Clipperton, considerada la mayor reserva estratégica fuera de tierra firme. Aquí se juega también la seguridad de las cadenas de suministro de todo el continente.
México como frontera geopolítica: no solo está entre protección y comercio; es el caso de prueba mundial para América Latina:
Su posición geográfica lo hace central en la nueva geopolítica oceánica.
Organismos internacionales: el CIADI sigue fallando a favor de inversores; la ISA está estancada, sin reglas finales y su autoridad es cuestionada. Muestra cómo cambian las relaciones internacionales cuando chocan intereses económicos y ambientales.
México enfrentará más demandas, presiones diplomáticas y solicitudes para modificar su ley. Es una de las principales tendencias en la agenda marítima regional.
Nuevos estudios muestran que alterar el fondo marino rompe ciclos globales; afectará pesca, clima y biodiversidad, definiendo el futuro de los océanos.
Quién controle estos minerales definirá quién liderará la tecnología y la competitividad en América del Norte. México decidirá su papel:
La Clarion-Clipperton y el Golfo de Ulloa son territorios estratégicos, igual que el Ártico o el espacio exterior. Una de las Tendencias más claras:
La geopolítica submarina coloca a México y a toda América Latina en una encrucijada definitiva:
La decisión no es solo ambiental: define el papel del país en el nuevo orden global.
Lo que está en juego es si podrá ser un actor que pone límites a la extracción de recursos o si quedará subordinado a la lógica de seguridad de suministro de las grandes potencias.
En este futuro que se construye, las relaciones internacionales en el Pacífico dependerán de cómo resolvamos este dilema.