Dossier

La respuesta de los BRICS al conflicto ha sido marcadamente heterogénea, poniendo de manifiesto las profundas diferencias geopolíticas dentro del bloque.
Mientras Brasil y China han condenado explícitamente los ataques estadounidenses e israelíes, India se ha abstenido de hacerlo y Sudáfrica ha mantenido una posición ambivalente. Esta falta de cohesión ha llevado a diversos analistas a cuestionar la efectividad del bloque, calificándolo como "incoherente" y "completamente ineficaz" ante crisis geopolíticas significativas.
China, por su parte, ha adoptado una respuesta prudente y moderada. Pekín se encuentra en una posición compleja: por un lado, mantiene importantes lazos económicos con Irán y ha sido un actor clave en la diplomacia regional; por otro, sus intereses comerciales en Oriente Medio son considerables y ahora se ven amenazados por los ataques iraníes contra estados del Golfo.
China es el mayor socio comercial de la región y alberga a más de 400,000 nacionales solo en los Emiratos Árabes Unidos, quienes ahora enfrentan riesgos directos.
La crisis iraní constituye una prueba crucial para la madurez estratégica y coherencia política de los BRICS. Con su expansión en 2024 para incluir nuevos miembros de Oriente Medio y África, el bloque ahora representa una constelación mucho más diversa de sistemas políticos, prioridades estratégicas y alineamientos regionales.
Si bien esta expansión ha incrementado el peso global del bloque, también ha introducido nuevas líneas de falla que se manifiestan claramente en la respuesta al conflicto.
Es fundamental reconocer que los BRICS nunca han pretendido ser una alianza geopolítica formal con posiciones compartidas en materia de seguridad. Desde sus inicios, el bloque ha funcionado más como una coalición económica flexible que como un pacto de defensa.
Sin embargo, a medida que el bloque se presenta cada vez más como un pilar de un orden multipolar emergente, la expectativa de mayor coordinación política crece, chocando con los intereses nacionales divergentes de sus miembros.
El conflicto actual podría acelerar ciertas tendencias dentro de los BRICS. Por un lado, China y Rusia podrían fortalecer su cooperación estratégica frente a lo que perciben como una agresión occidental no justificada.
Por otro, India podría distanciarse aún más de las posiciones de confrontación, priorizando sus relaciones con Occidente y su autonomía estratégica.
Para los nuevos miembros de Oriente Medio como Irán, Egipto y Emiratos Árabes Unidos, el conflicto representa un desafío existencial. Estos países deben equilibrar su pertenencia a los BRICS con sus complejas relaciones regionales y sus lazos con potencias occidentales.
La respuesta de Sudáfrica, particularmente cautelosa, podría reflejar una tendencia más amplia entre los miembros del Sur Global de evitar tomar posiciones definidas en conflictos que no afectan directamente sus intereses vitales.
A medio plazo, es probable que los BRICS evolucionen hacia un formato más flexible, posiblemente con mecanismos de cooperación diferenciados según temas y regiones.
La crisis iraní podría acelerar esta transformación, forzando al bloque a desarrollar estructuras más sofisticadas para manejar las divergencias estratégicas entre sus miembros sin comprometer su relevancia global.
La guerra entre Estados Unidos-Israel e Irán ha expuesto las limitaciones inherentes a los BRICS como bloque geopolítico cohesionado. Sin embargo, también ofrece una oportunidad para que la agrupación redefina su identidad y propósito estratégico.
Lejos de ser un "castillo de naipes" como sugieren algunos críticos, los BRICS están atravesando una fase de reajuste inevitable en su evolución desde foro económico hacia actor geopolítico relevante.
El éxito futuro del bloque dependerá de su capacidad para desarrollar mecanismos que permitan la cooperación en áreas de interés común sin exigir unanimidad en cuestiones de seguridad donde los intereses nacionales divergen sustancialmente.
La crisis iraní no representa necesariamente el principio del fin para los BRICS, sino más bien un catalizador para su transformación hacia una estructura más compleja y realista, capaz de reflejar las múltiples y contradictorias realidades del orden multipolar emergente.