Actualización feb/2026
El retorno de Donald Trump, presidente de los Estados Unidos de América, al centro de la política global ha reactivado una narrativa confrontativa hacia el bloque de economías emergentes conocido como BRICS. Desde su campaña y consolidación política, ha planteado la necesidad de frenar el avance de este grupo —integrado originalmente por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— que, al año 2026, ha ampliado su influencia económica, financiera y geopolítica.
La creciente tensión entre Estados Unidos y los BRICS no es un fenómeno aislado, sino parte de una transición estructural hacia un sistema internacional más multipolar, donde la hegemonía occidental enfrenta desafíos sostenidos. (Fuente: análisis basado en informes del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial).

Tensión geopolítica entre Donald Trump y el bloque BRICS, en el contexto de la disputa por la hegemonía económica y monetaria global.
Durante su actual posicionamiento político, Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, ha reiterado amenazas de imponer aranceles de hasta 60% a importaciones provenientes de países considerados estratégicamente adversarios, particularmente China. Asimismo, ha sugerido sanciones indirectas a países que busquen abandonar el dólar como moneda de referencia en el comercio internacional. (Fuente: declaraciones de campaña y reportes de Bloomberg y Reuters).
Esta postura revive elementos del proteccionismo económico ya implementado durante su primer mandato (2017–2021), donde el déficit comercial estadounidense con China alcanzó cifras superiores a 300 mil millones de dólares anuales. (Fuente: Oficina del Censo de EE. UU.).
El bloque BRICS ha evolucionado significativamente. A partir de 2023–2025, el grupo incorporó nuevos miembros como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Irán y Egipto, ampliando su peso geoeconómico. Actualmente, los BRICS representan aproximadamente:
(Fuente: datos del Fondo Monetario Internacional y la Agencia Internacional de Energía).
Este crecimiento refuerza su capacidad para actuar como contrapeso frente al G7 y otras instituciones dominadas por Occidente.
Uno de los puntos más sensibles es el intento de los BRICS por reducir la dependencia del dólar estadounidense. Iniciativas como:
han generado preocupación en Washington.
El dólar sigue representando aproximadamente 58% de las reservas internacionales globales, pero ha descendido desde niveles superiores al 70% en los años 2000. (Fuente: Fondo Monetario Internacional).
Trump ha advertido que cualquier intento de desdolarización podría ser respondido con medidas económicas coercitivas.
La competencia no se limita a lo económico. China y Rusia han fortalecido su cooperación en sectores estratégicos como defensa, inteligencia artificial y energía.
Por ejemplo:
(Fuente: reportes del Banco Mundial y Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).
Este entramado reduce la capacidad de presión unilateral de Estados Unidos.
Más allá de la narrativa de unidad, los BRICS enfrentan tensiones internas significativas:
Además, países del llamado “Sur Global” no necesariamente buscan alinearse plenamente con los BRICS, sino maximizar beneficios entre múltiples polos de poder.
Este fenómeno sugiere que la multipolaridad emergente no será un bloque homogéneo, sino una red fragmentada de intereses convergentes y divergentes.
Es probable un aumento en la retórica confrontativa y la implementación de medidas económicas selectivas por parte de Estados Unidos. Los BRICS continuarán fortaleciendo mecanismos alternativos al dólar, pero sin reemplazarlo completamente.
Se consolidará un sistema económico dual:
La desdolarización avanzará gradualmente, especialmente en comercio energético.
El sistema internacional podría evolucionar hacia una multipolaridad estructural, donde ninguna potencia ejerza hegemonía absoluta.El dólar seguirá siendo relevante, pero coexistirá con otras monedas y sistemas financieros regionales.
La amenaza de Donald Trump hacia los BRICS no debe interpretarse únicamente como una postura política coyuntural, sino como un reflejo de una disputa estructural por la hegemonía global.
El ascenso de los BRICS evidencia el desplazamiento progresivo del poder económico hacia el Sur Global, mientras que Estados Unidos busca preservar su posición mediante herramientas tradicionales de presión económica.
Sin embargo, la complejidad del sistema internacional actual —marcado por interdependencia, fragmentación y competencia tecnológica— limita la posibilidad de una confrontación binaria. El resultado más probable no es la sustitución de un hegemón por otro, sino la coexistencia de múltiples centros de poder.
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