Dosier
Durante la última década, el discurso sobre la transición energética ha tenido un epicentro geográfico indiscutible: el Triángulo del Litio (Argentina, Bolivia y Chile), que alberga más del 50% de las reservas mundiales.
Sin embargo, mientras el mundo observa las fluctuaciones políticas en los Andes, una reconfiguración silenciosa está ocurriendo. Nuevos actores en África Oriental, los Balcanes y el Norte de México están emergiendo no solo como proveedores, sino como piezas de un tablero donde la seguridad de suministro prima sobre el costo de extracción.
La geografía estratégica del litio se está fragmentando, y con ello, las dependencias de las grandes potencias.

A diferencia de los salares andinos, países como Zimbabue, Namibia y la República Democrática del Congo poseen yacimientos de pegmatita (espodumena).
El proyecto Jadar en Serbia, liderado por Rio Tinto, representa una de las mayores reservas de litio de Europa. Su importancia no es solo geológica, sino geopolítica:
El yacimiento de Sonora, en manos de la estatal LitioMx tras la nacionalización, presenta un desafío técnico: el litio en arcilla es más complejo de extraer que el de salmuera o roca.
¿Estamos ante el fin de la relevancia andina? No. Pero sí ante el fin de su exclusividad. La diversificación de fuentes busca evitar los cuellos de botella geopolíticos.
La geografía del litio ya no es un triángulo; es una red compleja que conecta el interior de África con las refinerías chinas, y las montañas serbias con las fábricas alemanas.
Quien controle la tecnología de extracción en estos "nuevos" terrenos (arcillas y pegmatitas) dominará la segunda fase de la transición energética.