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25 Feb
25Feb

El Mar Negro es uno de los escenarios geopolíticos más tensos y estratégicos del mundo actual, un “lago cerrado” rodeado por Rusia, Ucrania, Turquía, Rumania, Bulgaria y Georgia (con Moldavia conectada indirectamente). Su importancia radica en el control de rutas comerciales vitales (grano ucraniano representa hasta el 10-20% del comercio mundial de trigo), energía (gas ruso vía TurkStream, exploraciones de gas turco y potencial del Corredor Medio), y proyección militar: permite a Rusia acceder al Mediterráneo, pero Turquía controla el paso mediante los estrechos del Bósforo y los Dardanelos.

Con la guerra ruso-ucraniana entrando en su quinto año de atrición, el Mar Negro se ha convertido en un teatro de rivalidades intensas y preparativos militares asimétricos, donde la Convención de Montreux (1936) sigue siendo el pilar que evita una escalada total entre Rusia y la OTAN.

Imagen del Mar Negro, uno de los escenarios geopolíticos más tensos y estratégicos del mundo actual.
El Mar Negro se ha convertido en un teatro de rivalidades intensas y preparativos militares asimétricos. La Convención de Montreux (1936)sigue siendo el pilar que evita una escalada total entre Rusia y la OTAN.

Principales rivalidades

Rusia busca convertir el Mar Negro en un “lago ruso” para proyectar poder hacia los Balcanes, el Cáucaso y el Mediterráneo, neutralizar la expansión de la OTAN y asegurar su “esfera de influencia privilegiada” (doctrina Primakov). Controla Crimea desde 2014 y gran parte de la costa norte y este de Ucrania (incluido el Mar de Azov y el estrecho de Kerch), lo que le da dominio sobre recursos marítimos y proyección hacia el sur. Su estrategia combina guerra convencional, híbrida (minas, jamming GPS, ataques a puertos) y revisionismo territorial. Sin embargo, ha sufrido reveses graves: Ucrania ha degradado significativamente su Flota del Mar Negro con drones marinos (USV) y misiles Neptune, hundiendo o dañando docenas de buques (incluido el crucero Moskva). En 2026, la flota principal se ha relocalizado a Novorossiysk (más al este y menos expuesta).

Turquía es el actor pivote: tiene la costa más larga, la marina más poderosa del Mar Negro (tras el debilitamiento ruso) y controla los estrechos. Como miembro de la OTAN, apoya a Ucrania (suministro de drones Bayraktar, mediación en el acuerdo de granos de 2022) y ha cerrado los estrechos a buques de guerra beligerantes en febrero de 2022 (invocando el Artículo 19 de Montreux). Al mismo tiempo, mantiene relaciones transaccionales con Rusia (gas vía TurkStream, no se unió a sanciones). En 2026, Ankara explora liderar una posible coalición naval para garantías de seguridad a Ucrania y ha activado el Grupo de Contramedidas contra Minas (MCM) con Rumania y Bulgaria. Su doctrina “Patria Azul” refuerza su presencia marítima.

Ucrania libra una guerra asimétrica exitosa en el mar: sin flota convencional significativa, sus drones marinos y misiles han forzado a Rusia a retroceder, permitiendo reanudar exportaciones de grano por el “corredor ucraniano”. Busca recuperar acceso pleno al mar y reconstruir su capacidad naval con ayuda occidental.

La OTAN (especialmente Rumania y Bulgaria) ha reforzado su flanco este: modernización naval y antiaérea, ejercicios como Sea Shield, y mayor presencia estadounidense en Rumania. Bulgaria muestra más cautela por influencia rusa interna. La Alianza evita violar Montreux (no envía buques no litorales masivamente), pero aumenta vigilancia, protección de infraestructuras submarinas y cooperación trilateral con Turquía.

Georgia y Moldavia son vulnerables: Rusia controla Abjazia (base naval en Ochamchire en construcción) y ejerce presión en Transnistria.

Preparativos militares en curso

  • Rusia: Submarinos y misiles terrestres desde Crimea siguen operativos. Refuerza posiciones con sistemas S-400, Iskander y Oreshnik. Amenazas híbridas contra buques comerciales y puertos ucranianos. Intenta reconstruir flota, pero Montreux limita refuerzos desde otras flotas rusas.
  • Ucrania: Producción masiva de drones USV y misiles de largo alcance. Ataques a buques de la “flota sombra” rusa y terminales petroleras (como Novorossiysk). Enfoque en guerra de desgaste marítima.
  • Turquía: Moderniza con el portahelicópteros TCG Anadolu, fragatas, submarinos y drones TB3. Lidera en contramedidas de minas y comparte experiencia OTAN (ejercicios en el Báltico 2026).
  • Rumania y Bulgaria: Aumentan gasto en defensa naval, sistemas antiaéreos y patrullas. Rumania impulsa más presencia OTAN/EE.UU.
  • Montreux como freno: Limita tonelaje y permanencia de buques no litorales en tiempo de paz y permite a Turquía cerrar el paso en guerra. Ha impedido que Rusia refuerce su flota y que la OTAN entre masivamente, evitando una confrontación directa naval.

Situación actual y perspectivas

La guerra terrestre es de desgaste (Rusia avanza lentamente en Donbás a alto costo humano y material), pero en el mar Ucrania ha cambiado el equilibrio a favor de la disuasión asimétrica. Las tensiones persisten: ataques a buques, jamming y riesgo de incidentes. Turquía actúa como “guardián” para evitar escalada.

A futuro (incluso tras un posible alto el fuego), Rusia mantendrá ambiciones de dominio y podría reforzar su flota si se reabre Montreux. China aumenta interés en el Corredor Medio. La OTAN y la UE necesitan una estrategia integrada: más apoyo a Ucrania/Georgia, protección de rutas comerciales y respeto a Montreux para estabilidad.

En resumen, el Mar Negro ya no es periferia olvidada: es el “bisagra estratégica” de Europa, donde rivalidades históricas (Rusia-Turquía desde siglos) se mezclan con la guerra moderna de drones y el equilibrio nuclear implícito de la OTAN. Turquía es la clave para cualquier arreglo duradero. El escenario sigue volátil, pero Montreux y el ingenio ucraniano han impedido hasta ahora que se convierta en un conflicto naval abierto.

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