Actualización estratégica
En septiembre de 2023 analizamos la posibilidad de una “recesión técnica” en Estados Unidos y sus implicaciones para México. El diagnóstico respondía a señales concretas: contracción en trimestres consecutivos, inflación persistente, endurecimiento monetario y deterioro en expectativas empresariales.
Dos años después, el balance obliga a una revisión conceptual. La economía estadounidense no ingresó en una recesión profunda; evitó el colapso cíclico que muchos anticipaban. Sin embargo, lo verdaderamente relevante no fue la ausencia de recesión, sino la mutación estructural del orden económico norteamericano y global.
La pregunta ya no es si hubo recesión técnica, sino si estamos ante una transición geoeconómica de largo plazo.

Interdependencia estratégica en América del Norte: la relación económica entre Estados Unidos y México en la fase de regionalización productiva y competencia geoeconómica (2023–2026).
Entre 2024 y 2026, la economía estadounidense mostró tres rasgos centrales:
Las proyecciones del Fondo Monetario Internacional ubican el crecimiento estadounidense en niveles positivos pero contenidos. La desaceleración fue real, aunque no degeneró en crisis sistémica. Más relevante aún es el cambio cualitativo:
Estados Unidos pasó de una lógica de globalización expansiva a una lógica de seguridad económica nacional.
La reindustrialización —especialmente en semiconductores, energía y manufactura avanzada— dejó de ser una aspiración retórica para convertirse en política pública sostenida. La rivalidad estratégica con China aceleró esta tendencia.
En este contexto, la desaceleración fue administrada, no improvisada.
México mantiene una dependencia estructural del mercado estadounidense bajo el marco del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Más del 80% de sus exportaciones se dirigen a Estados Unidos.
En 2023, el temor era evidente: una recesión estadounidense arrastraría a México por efecto dominó. Sin embargo, ocurrió algo distinto.
Entre 2024 y 2025:
México evitó una recesión formal. El crecimiento fue moderado, incluso modesto en algunos trimestres, pero no colapsó.
El nearshoring no es un fenómeno meramente empresarial; es una consecuencia directa de la competencia sistémica entre Estados Unidos y China.
Las cadenas de suministro comenzaron a regionalizarse. México emergió como:
Sin embargo, la oportunidad vino acompañada de límites estructurales: infraestructura insuficiente, incertidumbre regulatoria en energía y brechas en capital humano especializado.
En 2023 se anticipaba un mecanismo clásico:
Recesión en EE.UU. → caída de exportaciones → caída de remesas → contracción del consumo interno en México.
Pero entre 2024 y 2026 el patrón fue distinto:
Esto sugiere que la interdependencia ya no opera únicamente bajo el modelo lineal de dependencia periférica, sino bajo una dinámica más integrada y bidireccional.
México no fue simple víctima pasiva del ciclo estadounidense; fue actor integrado dentro de una reconfiguración regional.
La etapa 1990–2015 estuvo marcada por globalización expansiva.
La etapa 2020–2026 parece caracterizarse por:
El eje estructural no es la recesión, sino la fragmentación ordenada del sistema económico internacional.
En ese marco, América del Norte funciona como bloque estratégico relativamente cohesionado frente a la competencia asiática.
México es pieza funcional dentro de ese bloque.
En 2023 dominaba el lenguaje del ciclo económico.
En 2026 domina el lenguaje de la geoeconomía.
| Dimensión | 2023 | 2026 |
|---|---|---|
| Diagnóstico central | Recesión técnica | Desaceleración estructural |
| Riesgo principal | Contracción del PIB | Fragmentación geoeconómica |
| México | Vulnerabilidad dependiente | Plataforma estratégica regional |
| Orden global | Recuperación post-pandemia | Competencia sistémica EE.UU.–China |
El cambio no es cuantitativo, sino cualitativo.
A pesar de la resiliencia observada, persisten factores de riesgo:
México enfrenta una encrucijada: consolidarse como socio estratégico industrial o permanecer como ensamblador dependiente.
La “recesión técnica” que analizamos en 2023 no se materializó en su forma más severa. Pero el análisis fue pertinente porque detectaba una transición profunda.
Lo que emergió entre 2023 y 2026 no fue un colapso cíclico, sino una reconfiguración estructural del capitalismo norteamericano y su periferia integrada.
Estados Unidos desaceleró sin colapsar.
México resistió sin despegar plenamente.
La globalización mutó hacia regionalización estratégica.
El concepto clave ya no es recesión. Es interdependencia estratégica bajo competencia sistémica.
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Análisis de Estrategia Global e Inteligencia Geopolítica
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