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27 Feb
27Feb

Estados Unidos, México y la nueva fase de interdependencia estratégica

Actualización estratégica

I. Introducción: cuando la recesión era el síntoma, no la enfermedad

En septiembre de 2023 analizamos la posibilidad de una “recesión técnica” en Estados Unidos y sus implicaciones para México. El diagnóstico respondía a señales concretas: contracción en trimestres consecutivos, inflación persistente, endurecimiento monetario y deterioro en expectativas empresariales.

Dos años después, el balance obliga a una revisión conceptual. La economía estadounidense no ingresó en una recesión profunda; evitó el colapso cíclico que muchos anticipaban. Sin embargo, lo verdaderamente relevante no fue la ausencia de recesión, sino la mutación estructural del orden económico norteamericano y global.

La pregunta ya no es si hubo recesión técnica, sino si estamos ante una transición geoeconómica de largo plazo.

Imagen hiperrealista que muestra las banderas de Estados Unidos y México frente a frente sobre un mapa tridimensional de América del Norte iluminado con rutas comerciales. Al fondo se observan puertos con contenedores y buques de carga, junto a siluetas urbanas representativas. En primer plano aparecen pilas de dinero, gráficos económicos y una bomba petrolera, simbolizando comercio, inversión, energía e interdependencia económica entre ambos países.

Interdependencia estratégica en América del Norte: la relación económica entre Estados Unidos y México en la fase de regionalización productiva y competencia geoeconómica (2023–2026).


II. Estados Unidos: desaceleración administrada y reindustrialización estratégica

Entre 2024 y 2026, la economía estadounidense mostró tres rasgos centrales:

  1. Crecimiento moderado, inferior al rebote post-pandemia.
  2. Mercado laboral relativamente sólido.
  3. Política industrial activa orientada a sectores estratégicos.

Las proyecciones del Fondo Monetario Internacional ubican el crecimiento estadounidense en niveles positivos pero contenidos. La desaceleración fue real, aunque no degeneró en crisis sistémica. Más relevante aún es el cambio cualitativo:

Estados Unidos pasó de una lógica de globalización expansiva a una lógica de seguridad económica nacional

La reindustrialización —especialmente en semiconductores, energía y manufactura avanzada— dejó de ser una aspiración retórica para convertirse en política pública sostenida. La rivalidad estratégica con China aceleró esta tendencia.

En este contexto, la desaceleración fue administrada, no improvisada.


III. México: vulnerabilidad estructural y oportunidad histórica

México mantiene una dependencia estructural del mercado estadounidense bajo el marco del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Más del 80% de sus exportaciones se dirigen a Estados Unidos.

En 2023, el temor era evidente: una recesión estadounidense arrastraría a México por efecto dominó. Sin embargo, ocurrió algo distinto.

1. Resiliencia exportadora

Entre 2024 y 2025:

  • Las exportaciones manufactureras se mantuvieron dinámicas.
  • El sector automotriz y electrónico mostró capacidad de adaptación.
  • El fenómeno de nearshoring consolidó inversiones estratégicas.

México evitó una recesión formal. El crecimiento fue moderado, incluso modesto en algunos trimestres, pero no colapsó.

2. El nearshoring como fenómeno geopolítico

El nearshoring no es un fenómeno meramente empresarial; es una consecuencia directa de la competencia sistémica entre Estados Unidos y China.

Las cadenas de suministro comenzaron a regionalizarse. México emergió como:

  • Plataforma manufacturera continental.
  • Zona de amortiguamiento geoeconómico.
  • Nodo logístico estratégico en América del Norte.

Sin embargo, la oportunidad vino acompañada de límites estructurales: infraestructura insuficiente, incertidumbre regulatoria en energía y brechas en capital humano especializado.


IV. La transmisión real del shock: más compleja que en ciclos anteriores

En 2023 se anticipaba un mecanismo clásico:

Recesión en EE.UU. → caída de exportaciones → caída de remesas → contracción del consumo interno en México.

Pero entre 2024 y 2026 el patrón fue distinto:

  • El empleo estadounidense se mantuvo relativamente estable.
  • Las remesas no sufrieron un desplome estructural.
  • El tipo de cambio mostró estabilidad comparativa.

Esto sugiere que la interdependencia ya no opera únicamente bajo el modelo lineal de dependencia periférica, sino bajo una dinámica más integrada y bidireccional.

México no fue simple víctima pasiva del ciclo estadounidense; fue actor integrado dentro de una reconfiguración regional.


V. De la globalización abierta a la regionalización estratégica

La etapa 1990–2015 estuvo marcada por globalización expansiva.

La etapa 2020–2026 parece caracterizarse por:

  • Regionalización productiva.
  • Política industrial activa.
  • Tensiones arancelarias selectivas.
  • Seguridad económica como prioridad.

El eje estructural no es la recesión, sino la fragmentación ordenada del sistema económico internacional.

En ese marco, América del Norte funciona como bloque estratégico relativamente cohesionado frente a la competencia asiática.

México es pieza funcional dentro de ese bloque.

VI. Balance histórico comparativo

En 2023 dominaba el lenguaje del ciclo económico.

En 2026 domina el lenguaje de la geoeconomía.

Dimensión20232026
Diagnóstico centralRecesión técnicaDesaceleración estructural
Riesgo principalContracción del PIBFragmentación geoeconómica
MéxicoVulnerabilidad dependientePlataforma estratégica regional
Orden globalRecuperación post-pandemiaCompetencia sistémica EE.UU.–China
El cambio no es cuantitativo, sino cualitativo.

VII. Riesgos latentes 2026–2028

A pesar de la resiliencia observada, persisten factores de riesgo:

  1. Posibles tensiones dentro del T-MEC.
  2. Endurecimiento de políticas industriales estadounidenses.
  3. Vulnerabilidad fiscal en Estados Unidos.
  4. Dependencia estructural mexicana del mercado externo.
  5. Infraestructura energética insuficiente para sostener el nearshoring.

México enfrenta una encrucijada: consolidarse como socio estratégico industrial o permanecer como ensamblador dependiente.


VIII. Conclusión: la recesión que no fue y la transformación que sí ocurrió

La “recesión técnica” que analizamos en 2023 no se materializó en su forma más severa. Pero el análisis fue pertinente porque detectaba una transición profunda.

Lo que emergió entre 2023 y 2026 no fue un colapso cíclico, sino una reconfiguración estructural del capitalismo norteamericano y su periferia integrada.

Estados Unidos desaceleró sin colapsar.

México resistió sin despegar plenamente.

La globalización mutó hacia regionalización estratégica.

El concepto clave ya no es recesión. Es interdependencia estratégica bajo competencia sistémica.


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