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25 Feb
25Feb

Perspectiva geopolítica

Entre la persistencia del embargo estadounidense y la reconfiguración multipolar

La posición de Cuba en el Caribe insular continúa siendo uno de los factores estructurales más relevantes para comprender la dinámica geopolítica hemisférica. A 90 millas náuticas (aprox. 145 km) de Estados Unidos, la isla se ubica en la intersección del Golfo de México, el Estrecho de Florida y las rutas marítimas que conectan el Atlántico con el Canal de Panamá, convirtiéndose históricamente en un punto de control estratégico del hemisferio occidental. Este posicionamiento ha condicionado su política exterior desde 1959 y sigue influyendo en la competencia contemporánea entre grandes potencias.

En el actual entorno internacional —caracterizado por la rivalidad sistémica entre Estados Unidos, la Federación de Rusia y la República Popular China— Cuba conserva relevancia desproporcionada respecto a su tamaño económico (PIB estimado cercano a 100 mil millones USD en términos nominales antes de la contracción post-pandemia) y demográfico (población aproximada de 11 millones). Su importancia no radica en su capacidad material, sino en su localización geoestratégica, su simbolismo político y su potencial como plataforma logística, diplomática y tecnológica en el Caribe ampliado.


Imagen aérea al atardecer de la isla de Cuba rodeada por aguas turquesa y azul profundo, con varios buques navegando en rutas marítimas cercanas; el sol se encuentra en el horizonte iluminando la costa y resaltando la ubicación estratégica de la isla en el Caribe.
Posición estratégica de Cuba, en el Caribe, en la intersección de rutas marítimas clave entre el Golfo de México y el Atlántico.

I. Posición estratégica en el Caribe y control de rutas marítimas

Cuba domina el acceso al Golfo de México y vigila indirectamente el tránsito marítimo que conecta puertos estratégicos de Estados Unidos (Houston, Nueva Orleans, Tampa) con Europa y América Latina. Aproximadamente el 20–25% del comercio marítimo estadounidense vinculado al Golfo transita por áreas cercanas al espacio marítimo cubano. Esta ubicación explica la histórica sensibilidad estratégica de Washington respecto a la isla, evidenciada durante la Crisis de los Misiles de 1962.

El enclave de la Base Naval de la Bahía de Guantánamo, bajo control estadounidense desde 1903, mantiene una dimensión geopolítica relevante como punto de proyección y monitoreo en el Caribe. Su estatus jurídico ha sido objeto de controversia permanente en foros multilaterales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU).


II. Cuba en la competencia entre grandes potencias

a) Relación con Estados Unidos

Las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos continúan determinadas por el embargo económico impuesto en 1962, codificado posteriormente en la Ley Helms-Burton de 1996. El Departamento de Estado de los Estados Unidos mantiene a Cuba en la lista de países que “no cooperan plenamente con los esfuerzos antiterroristas”, lo que limita aún más la normalización económica.

No obstante, el comercio agrícola estadounidense hacia la isla —permitido bajo excepciones humanitarias— ha superado en años recientes los 300 millones USD anuales, situando a Estados Unidos entre los principales proveedores de alimentos de Cuba, lo que refleja una interdependencia pragmática pese al antagonismo político.

b) Federación de Rusia

Vladímir Vladímirovich Putin, presidente de la Federación de Rusia, ha impulsado desde 2014 una reactivación de vínculos estratégicos con La Habana. Rusia ha reestructurado deuda heredada de la era soviética (condonando alrededor del 90% de un pasivo de 35 mil millones USD en 2014) y ha reforzado la cooperación energética y técnica.

En el contexto de la guerra en Ucrania, Moscú ha intensificado contactos diplomáticos y acuerdos energéticos con Cuba, proyectando una señal geopolítica hacia Washington en su esfera inmediata de influencia. Sin embargo, la capacidad rusa para sostener apoyo financiero amplio es limitada debido a sanciones occidentales y presiones presupuestarias internas.

c) República Popular China

Xi Jinping, presidente de la República Popular China, ha consolidado a Cuba como socio relevante en el Caribe dentro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. China se ha convertido en uno de los principales socios comerciales de la isla y proveedor clave de infraestructura tecnológica y telecomunicaciones.

Informes abiertos de inteligencia estadounidense han señalado la posible presencia de instalaciones de inteligencia de señales (SIGINT) chinas en territorio cubano, orientadas al monitoreo del sureste estadounidense. Pekín y La Habana han negado formalmente estas acusaciones, pero el debate ilustra la creciente dimensión tecnológica de la competencia estratégica en el Caribe.


III. Vulnerabilidad económica estructural y dependencia energética

Cuba enfrenta una crisis económica profunda agravada por la pandemia de COVID-19, la caída del turismo (que representaba hasta el 10% del PIB) y la disminución del suministro petrolero venezolano. La inflación acumulada tras la reforma monetaria de 2021 superó el 70% en determinados periodos, erosionando la capacidad adquisitiva interna.

El déficit energético ha provocado apagones recurrentes y reducción de actividad industrial. Esta vulnerabilidad abre espacios de influencia externa: quien provea energía, financiamiento o inversión estratégica adquiere capacidad de incidencia política indirecta.


IV. Infraestructura digital, cables submarinos y soberanía informacional

Es importante abordar la dimensión de la infraestructura digital y los cables submarinos que conectan a Cuba con el exterior. El cable ALBA-1, inaugurado en 2013 con apoyo venezolano, redujo la dependencia satelital y amplió el ancho de banda nacional.

La modernización de telecomunicaciones —incluida la expansión de redes 4G y proyectos de 5G con proveedores extranjeros— tiene implicaciones estratégicas: la infraestructura digital no solo es económica, sino también geopolítica. El control de nodos de datos, centros de almacenamiento y estaciones de aterrizaje de cables puede convertir a la isla en punto de inteligencia regional.

En el contexto de competencia tecnológica global, el Caribe se transforma en espacio de disputa por arquitectura digital, ciberseguridad y estándares tecnológicos. Cuba, por su ubicación, podría fungir como punto de enlace o de fricción en el ecosistema digital hemisférico.


3) Análisis predictivo

Corto plazo (1–3 años)

Cuba continuará enfrentando fragilidad económica estructural, con migración elevada (más de 300,000 cubanos han emigrado hacia Estados Unidos en ciclos recientes). La presión social interna podría aumentar, pero el sistema político mantiene cohesión institucional.

En el plano geopolítico, es previsible una continuidad de cooperación técnica con Rusia y China, aunque sin escalamiento militar significativo. Washington mantendrá una estrategia de contención limitada, evitando provocar una crisis similar a la de 1962.

Mediano plazo (3–7 años)

Si la transición energética global reduce la relevancia estratégica del Golfo de México como corredor hidrocarburífero, Cuba podría reposicionarse como nodo logístico digital y punto de inversión portuaria. El Puerto de Mariel tiene potencial para convertirse en hub regional si se flexibilizan las sanciones.

El grado de apertura económica interna será decisivo: reformas orientadas al mercado podrían atraer capital europeo y asiático, reduciendo dependencia de alianzas geopolíticas rígidas.

Largo plazo (7–20 años)

En un escenario de multipolaridad consolidada, Cuba podría desempeñar un papel similar al de “Estado bisagra” en el Caribe, equilibrando relaciones con Estados Unidos, China y Rusia sin alineamiento absoluto.

Si se produjera una normalización sustantiva con Washington, el impacto económico sería inmediato dada la proximidad geográfica y el potencial turístico y logístico. En contraste, una escalada tecnológica (por ejemplo, militarización del ciberespacio regional) podría reactivar tensiones estratégicas hemisféricas.


4) Conclusión

Cuba conserva relevancia geopolítica estructural por su ubicación estratégica, no por su peso económico. La isla funciona como barómetro de la competencia entre grandes potencias en el hemisferio occidental y como laboratorio de la transición hacia un orden multipolar.

Su vulnerabilidad económica aumenta su exposición a influencias externas, pero también amplifica su valor estratégico. En la próxima década, el factor decisivo no será ideológico, sino infraestructural: puertos, energía, telecomunicaciones y conectividad digital definirán su papel en el sistema internacional.


5) Fuentes de información

  • Banco Mundial – Indicadores de desarrollo y datos macroeconómicos de Cuba.
  • Fondo Monetario Internacional – Reportes económicos regionales y estimaciones de inflación.
  • Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) – Datos demográficos y económicos oficiales.
  • Departamento de Estado de los Estados Unidos – Comunicados sobre política hacia Cuba.
  • Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba – Declaraciones oficiales y acuerdos bilaterales.
  • Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) – Datos sobre comercio marítimo y flujos de inversión.
  • Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) – Informes estructurales sobre economías caribeñas.

Análisis estratégico: Cuba 2026: El portaaviones inmóvil en la Nueva Guerra fría.


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